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Barajas: territorio comanche para madrugadores

In historias humanas on junio 14, 2010 at 7:25 am

Cuando el Metro de Madrid apura sus últimos minutos, cientos de sonámbulos nómadas, con sus bártulos a cuestas, comienzan un particular éxodo nocturno. Su destino: Barajas. Al aeropuerto de Madrid, uno de los más grandes de Europa, es completamente imposible llegar a través del transporte público durante cuatro horas, lo que provoca una marea de viajeros obligados a pasar la noche en la cafetería del aeropuerto o durmiendo en el suelo. Los primeros vuelos del día comienzan a operar a las 6 h., sólo cuarenta minutos después de que salga el primer autobús en Avenida de América con dirección a Barajas.

Un tiempo insuficiente para los viajeros low-cost, que miran hasta el último céntimo antes de coger un avión y que descartan gastarse un extra en pagar un taxi desde la capital.

Mientras que aeropuertos de otras capitales europeas, como Heathrow, en Londres, o Charles de Gaulle y Orly, en París, cuentan con buses nocturnos, Barajas queda aislado entre la 1:30 h. y las 5:20 h.

Los últimos viajeros del Metro (que serán los primeros de Barajas) se dan prisa por hacerse con las esquinas más resguardadas, donde, abrazados a sus equipajes, intentan conciliar un par de horas de sueño antes de facturar las maletas. Las sillas de oficina en las que se sientan los asistentes de tierra se convierten en preciados tesoros donde otros intentan echar una cabezada.

Sin embargo, el sueño no se apodera de todos los presentes y en la cafetería (abierta 24 horas, por supuesto), la cafeína de los últimos refrescos del día se mezcla con la de los primeros cafés de tempraneros desayunos con un único objetivo: no cerrar los ojos. Las conversaciones, fruto del sueño, cada vez son más espaciadas, hasta que el silencio sólo se ve interrumpido por el ruido de las máquinas limpiadoras.

De repente, la paz se rompe. Los mostradores para facturar se abren y los viajeros, deseosos de otra actividad que rompa su rutina se apremian por llegar allí y dejar que la vida comience en el aeropuerto.

El primer vuelo que indica el luminoso de salidas del día pertenece por supuesto a una compañía low-cost, a cuyo llamativo logotipo le siguen el de otras enseñas de compañías del mismo tipo.

Hasta esa temprana hora, el Aeropuerto de Barajas es un pequeño campo de refugiados tirados por el suelo con la única compañía de los servicios de seguridad y de limpieza.

Pagar por trabajar

Por su parte, los empleados de Barajas también sufren un pequeño drama para poder acceder al aeropuerto. El turno nocturno se convierte en un gran sacrificio, no sólo por las horas intempestivas de la jornada, sino por la dificultad para llegar al aeropuerto. No todas las compañías ponen autobuses a disposición de sus empleados. La alternativa pasa por tomar el bus que sale desde el aparcamiento de empleados.

El coche es un requerimiento en muchas entrevistas de trabajo para estos turnos. “Para ser asistente de tierra desde las 4 h. de la mañana me exigían tener coche, a pesar de recibir sólo 500 euros de salario”, cuenta una ex trabajadora de Barajas.

“Hay gente que no puede hacer esos turnos porque no tiene coche, y tiene que pedir cambiarlos”, cuenta a este diario un empleado del aeropuerto. “Existen casos de personas que han pagado dinero a otras para que les hagan los turnos, pues no pueden acceder al aeropuerto por no tener coche”.

No son pocos los que recurren a dormir en el aeropuerto. “A veces, hay gente que tiene turno de noche, que termina después del último Metro, y tiene que hacer otro por la mañana, y directamente se quedan a dormir en el aeropuerto. No tiene sentido volver a casa”, afirma este empleado.

El Metro se llevó por delante al autobús

Hasta 2005 Barajas gozaba, paradójicamente, de una mejor comunicación pública nocturna. Hasta esa fecha una línea de autobuses unía la céntrica plaza de Colón y el aeródromo con sólo dos horas de interrupción del servicio, entre las 2:50 h. y las 4:45 h. “Este servicio se suprimió cuando llegó el Metro al aeropuerto porque el Consorcio Regional de Transportes [CRT] consideraba que la oferta era suficiente. Claro, que este razonamiento fue antes de que surgiera esta oleada de vuelos baratos”, cuentan desde la Empresa Municipal de Transporte (EMT) a El Confidencial. “Por nuestra parte, hemos hecho alguna propuesta al Consorcio para ampliar el servicio, pero son ellos quienes decide la planificación de las líneas”, afirma la EMT, que asegura que están “en condiciones de prestar este servicio cuando se requiera”.

Mientras tanto, desde el Aeropuerto remiten al Consorcio, que fue quien retiró la línea en su momento. El CRT, por su parte, responde que la propuesta “se está estudiando”.

Por el momento, los viajeros madrugadores deben conformarse con un último metro a la 1:30 h. y un tempranero autobús a las 5:20 h. La línea 8 del Metro permanece cerrada a cal y canto… salvo para eventos especiales, como la final de la Copa de Europa celebrada en el Santiago Bernabéu el pasado 22 de mayo. Entonces estuvo abierta toda la noche para facilitar el transporte desde el estadio hasta el aeropuerto.

El cansancio acumulado en la espera tiene una ventaja. En los primeros vuelos de la mañana se respira una paz total dentro del avión. Una paz solamente interrumpida por los ronquidos de unos sacrificados viajeros.

Por Carlos Camino en El Confidencial

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