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El Metro de Madrid, a ciegas

In Breves humanos on mayo 19, 2010 at 2:24 pm

Que Danays Bautista se haya caído entre dos vagones del metro el pasado lunes no fue por falta de señalización para personas ciegas en esa red de transporte. La señalización es suficiente, aunque no perfecta, siempre podrá mejorarse. Quizá solo bajó la guardia y se relajó, o tenía prisa, o cualquier otro factor hizo que pusiera menos atención en las medidas de seguridad que religiosamente tiene que seguir para viajar, y eso le pasa a los que ven y a los que no ven, sin distinción. Por eso se llaman accidentes.

Esa es la explicación que da José Pedro González Alcón a lo ocurrido el lunes en la estación Nueva Numancia. Él vive con un bastón desde los 14 años, cuando perdió totalmente la vista. Hoy tiene 52, y trabaja en la ONCE. EL PAÍS lo acompañó en un recorrido por el metro de Madrid para constatar hasta qué punto es posible viajar sin ver y sin contratiempos. José Pedro asegura que sí, pero reconoce que la única forma de saber si un tren es boa -continuo, sin separación entre vagones- o no, es tanteando con el bastón. No hay otro medio posible.

“Si no sientes con el bastón el piso, no lo hay, y no puedes seguir avanzando. Siento pena por lo que le pasó a Danays, pero no estoy aterrado. Lo que hice fue bajar al metro con más cuidado, más consciente, sin querer tomar a toda prisa el primer tren”, cuenta mientras viaja por la línea 1, la misma donde ocurrió el accidente.

Según Metro de Madrid, el 53% de los trenes de la red son boa, y se espera que para 2011, con la llegada de los nuevos vagones, este porcentaje se incremente hasta el 75%.

José Pedro cuenta los principales problemas a los que se enfrenta todos los días en el metro: encontrar la puerta y saber si el sonido que escuchas es del tren que esperas y no el de enfrente. Eso se soluciona con el bastón, “o con un perro guía: si puedes tenerlo, ni te enteras del problema. Él busca la puerta solito”. Lo malo es que hay una lista de espera de casi cuatro años en la ONCE para tenerlo.

Una vez dentro del vagón, lo más complicado es saber dónde estás. “Por eso en todos los vagones se debería anunciar sonoramente la estación en la que vamos”.

También muestra la señalización de seguridad a cada paso que da. Al principio y al final de todas las escaleras hay un piso especial para que la gente que no puede ver las identifique, de otra textura, más rugosa. También esa textura en el piso se repite en los andenes, e indica la proximidad del borde con la vía. Para él es fácil de identificar. En algunas líneas incluso hay pantallas y pasamanos con mensajes en braille, pero no están en el mismo lugar siempre, lo que hace complicado encontrarlas en estaciones que no conoces.

“La señalización en este metro es buena. No es necesario que haya pantallas de braille por todos lados, porque no vamos a leer todas las pantallas”.

A José Pedro la confianza en el metro no se le ha ido, seguirá utilizándolo. “Tenemos tantas razones para no salir de casa que esta no será una de ellas”.

Por Jésica Zermeño en El País

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