Selector Ð periodismo Ð

Un ‘hostal’ en la fuente de Colón

In historias humanas on marzo 18, 2010 at 10:53 am

Una treintena de indigentes pernoctan todos los días dentro de la fuente de la Plaza de Colón. El problema de Barajas se extiende por toda la ciudad. La indigencia se dispara. La crisis ha azotado con dureza a los nuevos «sin techo», que tratan de superar su ruina.

Miles de personas y unos 120.000 vehículos circulan diariamente por la Plaza de Colón ajenos a lo que ocurre detrás de la catarata que daba vida a la fuente del antiguo centro cultural de la villa. Desde hace tiempo el agua no corre por la misma y, gracias a ello, se ha convertido en un lugar perfecto para dar cobijo cada noche a una treintena de indigentes. Hace cinco meses sólo había ocho personas, según aseguran desde el Teatro Fernán Gómez, a cuatro metros de ellos; «en lo que va de año se ha multiplicado por cuatro el número».

El último recuento del Ayuntamiento (en 2009) cifraba 535 personas durmiendo en la vía pública y unas mil, en albergues. Este año no constan nuevos datos, pero «sin techo» y ciudadanos perciben un notable incremento. El «albergue» de Barajas es una parte de este problema que se extiende por toda la capital. Dos realidades conviven en la misma ciudad. Nos acercamos a la de aquellos que no tienen nada o muy poco les queda.
Juan, dos meses en la calle. Fuente de Colón «¿Sabes de algún empleo?»
«El 15 de enero finalicé mi último contrato como barrendero. No he encontrado nada desde entonces y me he visto en la calle porque no tenía con qué pagar nada». Juan, quien no prefiere dar su nombre, conversa, sentado, con dos compañeros bajo la fuente de la Plaza de Colón. Encima de ellos, en la parte superior del fontanal, descansan decenas de cartones y enseres personales de una treintena de «sin techo». «Hace cinco meses había ocho, pero a principios de año han llegado el resto», dice un vigilante de seguridad del Teatro Fernán Gómez, justo enfrente de este peculiar asentamiento de indigentes.
Desde el centro cultural aseguran que son gente tranquila y respetuosa. «Antes de que comiencen las funciones teatrales, sobre las ocho de la tarde, se marchan. Vuelven a las once de la noche y duermen hasta que volvemos a abrir», explica una de las trabajadoras. Al menos el último regimiento, según asegura Juan y uno de sus compañeros, son víctimas de la destrucción de empleo. Prefieren dormir en este lugar antes que en un albergue. «Allí hay peleas y broncas todos los días. Aquí, los que estamos, vivimos en armonía», indican.
El menor de los tres necesitados ronda los 30 años. Juan tiene 50. Visten pulcros y aseados, pero tienen la mirada caída. Les preocupa seguir en esta situación y día a día recorren incansables la ciudad para encontrar un empleo que les permita salir de su miseria. No piden dinero. «Eso me da vergüenza ¿No sabrás de algún empleo?». Es la pregunta de Juan, un hombre desesperado.
Dori, cuatro años. Iglesia de San Ginés. «Doce horas para cinco euros»
Dori, de 54 años, lleva cuatro años en la calle. Cuatro años postrada en la Iglesia de San Ginés, situada en la calle del Arenal. Antes de recurrir a pedir en la vía le diagnosticaron cinco fístulas que le impidieron continuar trabajando. Ahora, está a la espera de que le den cita para cuatro operaciones.
Arropada por todas partes, confiesa que fue maltratada.Su voz se llena de dolor cuando cuenta que tiene una hija de 16 años en Toledo que desconoce que está desde las siete de la mañana hasta las nueve de la noche en la entrada de la iglesia. «No quiero que se entere», apunta. Los euros no llegan como antes. «Hay días que me vuelvo sin un solo euro. Otros puedo conseguir 20. Ayer, sin ir más lejos, estuve más de doce horas para sacarme cinco euros».
Dori no es ajena a la realidad que vive el país. «Mucha gente está parada y peor que nos vamos a poner. La culpa la tiene el Gobierno por abrir tanto las fronteras. Encima, hay mucha juventud con estudios que no tiene trabajo y muchos se están poniendo en la calle a pedir», observa.
El párroco de esta iglesia opina que se ha incrementado la demanda de ayuda «notablemente. Quizás un 400%. No sólo de indigentes que vienen a pedir, sino de familias que necesitan comer. Cáritas no da abasto».
Stanimir y Alin, año y medio. Zona centro y José Abascal. La juventud, la esperanza
Los extranjeros y los jóvenes también están siendo castigados por la crisis. Stanimir, búlgaro y de 25 años, y Alin, rumano y de 23, son un fiel reflejo de ello. Stanimir sueña con ser cocinero y montar su propio restaurante. El «kartof» sería el plato especial de la casa. «Lleva patatas, pollo e ingredientes búlgaros. Me sale delicioso», dice con una sonrisa. Sabe que ese proyecto está muy lejos todavía. A su corta edad, la vida le ha dado unos cuantos palos. Por lo pronto lleva dos meses en Madrid pidiendo en la calle. «No hay trabajo en ningún lado y no tengo el pasaporte».
Sólo la barba delata la situación que vive este joven bien parecido. «Antes de llegar a Madrid estuve trabajando en Barcelona cargando y descargando camiones». Cuando tenga su documentación se volverá a Cataluña para buscar empleo.
A Alin le ocurrer algo similar. Vino a Madrid para trabajar y comprarse un piso en Rumanía, pero le salió mal la jugada. «Al principio estuve trabajando en la construcción, pero me echaron». Hoy, alterna la venta de pañuelos de papel en un semáforo que hay entre Fernández de la Hoz y José Abascal y la limpieza de un piso que le reporta 350 euros mensuales. Limpio, educado y agradable comenta que le repugnan aquellos que roban para vivir. Dice mantener la esperanza de encontrar trabajo, «pero se va agotando», manifiesta.
Alberto, 20 años. La ruta de los albergues. El chollo de la Puerta del Sol
Tiene localizado el punto estratégico de la Puerta del Sol para pedir limosna: la pastelería de la Mallorquina. «Llevo unos días aquí y ya la he tenido con unos cuantos que me la querían quitar», explica Alberto, de 39 años. Este hombre lleva en la calle 20 años. La mendicidad se la toma con filosofía y, para romper con la dureza de esta vida, realiza todo el año su «ruta de los albergues». A Madrid siempre llega en estas fechas.
Se fue de su casa por malos tratos. Es esquizofrénico, no tiene problema en reconocerlo. Alberto nota que con la crisis, la gente es más generosa, o al menos, eso parece en Sol. También cae en la cuenta de que la nueva reforma ha beneficiado a los indigentes. «Ahora pasa más gente».
Alberto duerme en la Plaza de la Cruz durante la noche. No se permite lujos con la comida para poder comprar sus billetes de autobús. Así recorre toda España de mitad para arriba. «En el sur hay más pobreza y más extranjeros, interesa menos», comenta seguro.
Por Tatiana G. Rivas, en ABC.es
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: