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“Estamos regalando cerebros a otros países con nuestros impuestos”

In historias humanas on febrero 21, 2010 at 11:37 am

Hay milagros que suceden en un laboratorio y que siguen emocionando a investigadores con más de treinta años de experiencia, como la profesora Lina Badimón; se siembra un puñado de células musculares lisas en una placa de cultivo, próxima a otro de células endoteliales, de la clase que forra el interior de nuestros vasos sanguíneos.

Transcurridas cuatro horas, los dos grupos celulares se aproximan, atraídos por un extraño imán, y se engarzan en un curioso acto de amor en el que uno se acopla al otro. Las endoteliales son las que se colocan en el interior, y las musculares las cubren. Si cortamos una arteria o una vena, vemos que las células se disponen del mismo modo. “Llevan una información que les da una orientación precisa, una se coloca dentro, y la otra, fuera”, dice Badimón. “Forman estructuras tubulares, vasos. Es maravilloso. Y es algo que me asombra, como cuando era pequeña y veía despegar los aviones”. ¿Cuáles son las conversaciones que establecen las células entre sí? El misterio galvaniza el brillo de los ojos verdes de esta científica catalana. Habla con la misma pasión del arqueólogo que topa con una cámara secreta o descifra un jeroglífico para encontrar un pedazo de historia perdida. Sólo que aquí hablamos de un dialecto celular esculpido por millones de años de evolución, de grupos de células intercambiándose mensajes criptográficos de capital importancia. Tanto, que un error puede iniciar una cadena de instrucciones equivocadas y desembocar en una catástrofe: una lesión, un coágulo dentro de una arteria, un ictus cerebral o un infarto fulminante. Descifrar esa Piedra Rosseta del sistema circulatorio humano podría ofrecer a la medicina el segundo gran triunfo de su historia, después de doblegar al demonio de las enfermedades infecciosas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dado la señal de alarma. Las enfermedades cardiovasculares (ECV) matan ya más que cualquier otra enfermedad en todo el mundo. Pero Badimón, que dirige el Centro de Investigaciones Cardiovasculares del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, en Barcelona, dice que la pandemia ya está aquí. “En 2007 hubo alrededor de 17 millones de muertes por este motivo”.

En su periplo estadounidense, Badimón dirigió el Laboratorio de Investigación en Cardiología del reputado hospital Monte Sinaí en Nueva York durante ocho años, al aceptar la invitación del cardiólogo español Valentín Fuster, una leyenda viva en el campo de las enfermedades del corazón y uno de sus padrinos científicos. “Al hacer el posdoctorado, decidí marcharme al extranjero, incorporándome en un grupo de cardiología en el que estaba Fuster. Tiene gran capacidad de síntesis y está en contacto con los pacientes. Sabe dónde hay que investigar”. Monte Sinaí se ha convertido en una de las vacas sagradas de la cardiología. Y en la cronología de sus hitos hay una fecha, 1983, en la que la doctora Badimón, junto con su hermano, Juan José Badimón, llevaron a cabo “complejos experimentos para demostrar la relación entre los coágulos sanguíneos en las arterias y las perturbaciones del flujo de la sangre, que dan lugar a la angina de pecho, el infarto y la muerte súbita”.

¿Qué clase de experimentos?

Tuve que diseñar una cámara de perfusión, un artefacto especialmente diseñado para bombear sangre a un trozo de arteria o vena en condiciones controladas de flujo. Básicamente es un reactor de flujo que permite estudiar las interacciones de la pared de los vasos con las células de la sangre, y el rozamiento que tiene la sangre y sus componentes con la pared vascular. Nos permite modelar si en una arteria coronaria hay arterioesclerosis. Se le llamó Cámara de Badimón. Muchos laboratorios lo utilizan para probar fármacos y ver qué efectos producen.

El público ha captado la siguiente foto fija: las grasas se acumulan dentro de las arterias, las atascan, y sobreviene el infarto. Pero el asunto dista de ser tan sencillo. ¿Por qué?

Una arteria es algo que está vivo. Entender el sistema circulatorio es un desafío monstruoso. Ahora tenemos una descripción de lo que sucede. Pero no sabemos cuál es ese lenguaje, las interacciones célula a célula, que en un momento permite que todo funcione bien, a nivel fisiológico, y que en otro se descontrola. Es el nivel que nos falta. La sangre habla con el interior de las arterias. Ése es el gran misterio.

El enemigo público número uno es el colesterol. Tienes el colesterol muy alto, por tanto, morirás antes. A pesar de ello, algunas personas llegan a viejas. ¿Por qué?

El colesterol es un agente causal en la arterioesclerosis, pero para evaluar el riesgo de un paciente hay que abordar el control global de los factores de riesgo. No es lo mismo tener sólo niveles elevados de colesterol, que ser, además, hipertenso. Hay una escala y unas tablas de riesgo: colesterol, presión sanguínea, tabaquismo, edad… Si has sufrido un episodio clínico de manifestación de arteriosclerosis, entonces tienes que controlar aún más tus niveles de lípidos. Esas personas están en un riesgo máximo y hay que controlar el colesterol llevando las LDL a niveles por debajo de cien. Para evaluar el riesgo de un paciente no se tiene en cuenta sólo un factor de riesgo. Hay que verlo de forma global.

Otro estereotipo presenta siempre a las personas gordas con las arterias cargadas de colesterol.

Es algo complicado. No tiene nada que ver la gordura con el colesterol en la sangre. Pero muchos de los que tienen sobrepeso y obesidad sí que tienen el colesterol alto. Y hay personas muy delgadas que tienen el colesterol alto y deben controlarlo. En otros casos es la herencia genética la que cuenta, como la hipercolesterolemia familiar. Hay un rasgo, una mutación en los receptores de las lipoproteínas LDL (el llamado mal colesterol) en el hígado. Esa mutación hace que no se aclare el colesterol en sangre y deja niveles circulantes muy altos. Estas personas presentan la enfermedad vascular unos diez o quince años antes de lo normal. Y muchos son delgados.

¿Podemos controlar cuándo se encienden o apagan nuestros genes para nuestro beneficio, o es ciencia-ficción?

En algunos casos, la enfermedad surge por herencia. Pero en la inmensa mayoría es la interacción del ambiente con tus genes. Hay un tercer grupo en el que es el ambiente el que regula la expresión de tus genes en un momento determinado. Nuestro organismo está en una situación de equilibrio, pero está regulado por lo que comes y lo que bebes. La frase ‘eres lo que comes’ nunca ha dejado de ser tan cierta. O también ‘eres lo que fumas’. Hay ejemplos extremos. Winston Churchill fumaba puros y vivió más de 90 años, pero seguramente llevaba unos genes protectores que no tenía el vecino de al lado.

Pero se habla de alimentos “milagro” para tener los niveles adecuados del colesterol: frutos secos, verduras, aceite de pescado… Es un mensaje insistente. ¿Puede la dieta encender o apagar los genes adecuados?

Sí, la dieta contribuye, pero no basta. Cada grupo alimentario tiene unos compuestos beneficiosos específicos. La verdura tiene fibras y antioxidantes, los frutos secos tienen ácidos grasos poliinsaturados, el aceite de oliva tiene antioxidantes y ácidos grasos monoinsaturados, y están los antioxidantes del vino… Pero la palabra importante es el equilibrio. Equilibrio emocional, equilibrio dietético, equilibrio en el ejercicio. Un factor de riesgo tremendo para la enfermedad cardiovascular es perder el trabajo y no llegar a fin de mes. Antes se llamaba el estrés del ejecutivo, ahora se ha visto que se trata del estrés del trabajador que tiene un problema económico importante. También hay problemas psicosomáticos que hacen que se manifieste la enfermedad.

Hablemos de una película titulada ‘Historia de una placa’. Usted ha remarcado el papel de los procesos inflamatorios en su investigación.

En los últimos años se ha visto que las placas, además de lípidos, contienen células inflamatorias, las cuales se han pegado a estos depósitos que no deberían estar ahí. Acuden para limpiarlos, pero se transforman en células residentes, y entonces complican la placa. Es una desregulación de una función fisiológica. La placa crece de forma más rápida. Estas células inflamatorias son los monocitos, los linfocitos, y pertenecen al sistema inmune. ¿Cómo se forma una placa? Las lipoproteínas LDL, que son las que transportan el colesterol, entran en la pared interna del vaso, bien porque hay alguna anormalidad o están en exceso, se pegan, y en vez de marcharse, lo que sería normal después de proporcionar el colesterol que las células necesitan, son retenidas, y modificadas. Entonces atraen a los monocitos. Los monocitos se transforman en macrófagos. Quieren comerse esa grasa depositada. Y en vez de irse, se llenan de grasa, y se transforman en células espumosas que se quedan ahí, en la pared, hasta que mueren. Es como una indigestión, segregan productos que contribuyen al empeoramiento del nicho donde está depositado el colesterol. Estas células se diseñaron para limpiar, pero al final se comportan como unos pésimos fontaneros.

El bellísimo hospital de la Santa Creu i Sant Pau, declarado patrimonio mundial por la Unesco, resultó de la unión de varios hospitales construidos en el siglo XV. Hay túneles subterráneos que conectan los distintos pabellones para evitar el contagio entre enfermos; historias sobre hallazgos de registros médicos de pacientes de hace más de cien años surgidos tras derrumbar una pared por unas obras. En el pabellón que constituye el centro de investigación de Badimón aún se conserva parte de una escalera de madera que conduce a un púlpito, donde solían rezar las monjas de las Hermanas Hospitalarias de la Santa Cruz. En su despacho, entre pilas de revistas científicas y los pesados tomos de biología molecular, destacan varias figuritas de cerdos, huchas de barro, peluches y muñecos. “Usamos cerdos como animales experimentales, en cirugía del corazón. Son inteligentes y muy limpios. Conocen a los investigadores, y nos hemos acostumbrado a ellos. Son el mejor modelo de los humanos para el sistema cardiovascular”, comenta la profesora. El equipo de Badimón ha descubierto que a los cerdos les encanta la cerveza, el vino y el aceite de oliva, en los estudios para ver el efecto de sus dietas sobre sus vasos sanguíneos.

¿Cuándo decidió convertirse en investigadora?

Me marcó un libro, Madame Bovary. Lo leí cuando tenía 14 años, a una edad en la que no se recomendaba. Se me quedó la idea de que no quería tener una vida como la suya, aburrida, restringida, viviendo junto a otros que se dedicaban a decidir por ella. Yo atravesaba una edad en la que me preguntaba qué haría con mi vida, y al leerlo, me dije: “Eso es lo que no quiero ser”. Me gustaba mucho la idea de descubrir, contribuir al conocimiento, a mejorar las cosas. Madame Bovary representa el tema de la mujer y su insatisfacción en el mundo en que le tocó vivir, que la oprimía para su realización personal, a pesar de que en su casa podía ser la reina. Eso me despertó. He leído todos los libros de Jane Austen. Describen una crítica social absoluta al papel de la mujer en la sociedad victoriana.

¿No cree que históricamente la ciencia ha discriminado a las mujeres? Los trabajos de Rosalind Franklin para desvelar estructuras de proteína mediante rayos X permitieron a Watson y Crick describir la doble hélice del ADN, pero ella no recibió reconocimiento.

Sí, es un caso tremendo. El hecho de que fuera judía jugó un papel, ya que no podía entrar en las reuniones exclusivas para los anglosajones. Por ser mujer tuvo un trato discriminatorio total. La historia, afortunadamente, la está poniendo en su lugar.

¿Han cambiado las cosas?

Soy más positiva y optimista. Las mujeres van a alcanzar cotas que hasta ahora no estaban abiertas para ellas. Hay más mujeres estudiando, y tienen una aportación semejante a los hombres. Cuando escribes un artículo nadie ve si eres hombre o mujer. Hay más igualdad. Si hablamos de escala o promoción dentro de las universidades, o del propio CSIC, todavía hay una diferencia brutal entre hombres y mujeres. Poco a poco, ese techo de cristal irá desapareciendo. Me considero feminista, aunque no pertenezco a ninguna organización. Y en las comisiones de investigación quienes toman las decisiones habitualmente son hombres. Muchas veces, la mujer que es muy buena llega al mismo nivel de un hombre no tan bueno. Ella tiene que demostrar continuamente su talento para conseguir una posición, mientras que a él se le da por sentado. Ésa es la diferencia en este momento.

¿Le sorprenden los últimos resultados epidemiológicos que contradicen el tópico de que ellas estaban más protegidas contra los accidentes cardiacos que los hombres?

En España, según el Instituto Nacional de Estadística, el 32,4 % de las muertes se deben a enfermedades cardiovasculares. En hombres, la primera causa es la enfermedad coronaria; la segunda, el cáncer de pulmón, y la tercera es de tipo cerebrovascular. En la mujer, la proporción es algo mayor que en el hombre, y las dolencias cerebrovasculares están en primer lugar; las cardiacas, en segundo, y en tercer lugar, la insuficiencia cardiaca. Y sin embargo, hasta hace poco se consideraba que las mujeres estaban protegidas. Mucho de ello se debe al hecho de que las mujeres no estaban incluidas en los ensayos clínicos y faltaban datos. No se reclutaban mujeres para estos estudios porque se consideraba que eran más complejas, por culpa de las hormonas en el periodo fértil de la vida. Y eso hizo que se retrasara realmente el conocimiento. En 1991, Bernadine Healy, la primera mujer que llegó a la dirección de los Institutos Nacionales de la Salud de EE UU, dijo que había que incluir a las mujeres en los estudios clínicos para investigar nuevos fármacos. A partir de entonces empezó lo que se llamó el “nuevo despertar”. Lo llamativo es que, respecto a las tablas de riesgo, en muchos casos, la mujer con un nivel de riesgo similar al hombre no se trata por culpa de ese conocimiento generalista que dice que la mujer está protegida.

¿Por qué a España le cuesta tanto recuperar los talentos científicos que exporta al extranjero?

A lugares como Estados Unidos o el Reino Unido estamos regalando cerebros cuya formación es sufragada por nuestros impuestos. Yo me marché en 1980, pero en las dos décadas siguientes muchos se han ido y son pocos los que han vuelto. Depende también de la especialidad. En el área biomédica España ha dado un salto y, por ejemplo, Cataluña ha hecho una inversión importante. Lo que sucede es que la conciencia de que nosotros somos capaces de crear ciencia no está todavía arraigada en la sociedad española. Somos conscientes de que podemos tener genios en literatura, pintura y humanidades. Pero tradicionalmente no fuimos pioneros en ciencia. Y eso se traduce en falta de estabilidad.

¿Cuál es el sueño que le gustaría ver realizado como investigadora?

Diseñar un fármaco que modifique la historia natural de la enfermedad. La investigación es algo que se va montando poco a poco, una cosa pequeña encima de la otra. Pero en los últimos años pensaré en cambiar el chip para ver si, en vez de proporcionar conocimiento, producimos alguna innovación en forma de fármaco. No quedarme sólo en una publicación para que otros la cojan y traduzcan.

Por Luis M. Ariza en El País Semanal

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