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“Anda, mamá, púdrete”. Un niño tirano puede ser un futuro maltratador

In historias humanas on febrero 10, 2010 at 11:03 am

¿Su hijo es caprichoso, egoísta y manipulador, le insulta, echa la culpa de todos sus males a los demás, y no se asusta ante ninguno de los castigos que le impone? Póngase manos a la obra: puede estar criando a un niño tirano que, si no lo reconduce, podría cumplir, a medio plazo, todos los requisitos del perfil de un maltratador. Es mejor contar hasta diez antes de lanzar una bofetada, reflexionar antes de hablar y preguntar a su propio hijo: “¿Cómo te sentirías tú si fuera tu hermano el que te ha quitado tu juguete?”. Hay que involucrarlo en sus propias acciones para que se sienten, piensen y recapaciten.

La psicóloga Alicia Banderas ha hecho un análisis del comportamiento de los niños En Pequeños Tiranos, un libro en el que intenta ofrecer a los padres que pudieran convivir con un caso así estrategias para reconducir la actitud de sus pequeños. “Los tiranos son niños crueles”. Muy distintos a los rebeldes, que sí piden un perdón sincero cuando se equivocan. “Hay niños que no hacen caso a sus padres pero saben rectificar cuando les dicen que se han equivocado”.

Genéticamente todo el mundo nace con un temperamento que, si es agresivo e impulsivo, a través de las propias experiencias se puede modificar. “La educación es un asunto que corre de la cuenta de los padres”, apunta Banderas. De ellos depende que desarrollen o no una actitud tirana. “Anda, mamá, púdrete”. Son palabras textuales que un preadolescente de 12 años escupió a su madre por no dejarlo ir a dormir a casa de un amigo y que la progenitora contó en la consulta de la psicóloga. “No todos los niños tiranos cumplen a rajatabla el perfil del maltratador adulto. Pero sí es cierto que como no sienten remordimientos al agredir, podrían convertirse en unos perfectos maltratadores, tanto físicos como psicológicos”. Son las cualidades esenciales que diferencia a los pequeños tiranos de otros que simplemente son rebeldes o desobedientes.

Déspotas, autócratas, dictadores

Los tiranos son críos déspotas, chiquillos autócratas, pequeños dictadores cuyas acciones no se asemejan a los niños de su edad. “Con 6 años son capaces de morder con tanta agresividad que un adulto y maltratar a cualquier animal sin ninguna piedad”. No hay castigo que lo haga callar. Y como no siente miedo ante ninguna sanción, sigue retando a sus progenitores hasta que les gana el pulso y se hacen con el control absoluto de la situación. “Si un padre muestra debilidad y es vulnerable, está alimentando la agresividad de su propio hijo”.

Con esta actitud, el pequeño tirano consigue asustar a uno o a los dos progenitores, quienes cumplen a rajatabla sus deseos con el único fin de no frustrar al pequeño. Los mayores acuden a consulta cuando el niño baja el rendimiento escolar y ya no pueden con ellos. “Eso dicen al principio”. Pero al tirar de la cuerda siempre se esconde algún episodio de la agresividad que los niños muestran a los padres, que ni siquiera se dan cuenta por tener tan interiorizada la situación. La psicóloga propone como herramientas educativas desarrollar la empatía y exigirle autocontrol. “En lugar de castigarlos, es mejor sentarse y preguntarle: ¿Te gustaría que te dijera que te pudrieras, Miguelito?”.  Y enseñarles a verbalizar, a sacarles todo el rencor que llevan dentro cuando no consigue lo que quiere. “¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras? ¿Qué me quieres decir con esta llorera?”. Y que sea el propio niño el que se explique: “¿Por qué a mi hermano le has dado esto y a mí no?”.

Los padres deben marcar dónde están los límites, imponer que se cumplan las normas y delegar responsabilidades en sus hijos. En otras palabras, Banderas aconseja a los padres que digan ‘no’ a los caprichos de sus hijos; que les hagan entender que en casa quien manda son ellos y que les explique que no se pueden tener todos los derechos del mundo y ninguna obligación. Se acabaron los premios materiales que simplemente se traducen en caramelos envenenados. “En la recompensa debe haber un equilibrio proporcionado. Sólo hay que concederle cosas cuando se lo ha ganado, no darle algo porque sí”. Según la especialista, el mejor premio para reconocer un buen acto del pequeño son las cosas que no tienen un valor material. Atención, elogios, palabras bonitas, un aplauso. Nada de videoconsolas.

Por Ana I. Gracia en El Confidencial

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