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“Me acuesto cada noche con la premonición de que su cuerpo aparecerá al día siguiente”

In historias humanas on diciembre 16, 2009 at 12:58 pm

Antonio del Castillo, el padre de la joven sevillana desaparecida desde el pasado 24 de enero, reconoce que en el libro que hoy se presenta sobre el caso de su hija y que lleva por nombre «Hay chicos malos» (Editorial Paréntesis), ha leído datos que desconocía por completo. Sobre los cambios de versión en las declaraciones de Rocío, la ex novia o novia -no se sabe- del asesino confeso Miguel Carcaño, sobre los careos entre el último -el único que sigue en prisión- y su amigo Samuel Benítez, o el menor Javier, «El Cuco»… pero de lo que conocía absolutamente todo y no admite concesiones es en la vida social de su hija, en su ordenador. «Teníamos una cuenta compartida en el mismo ordenador y no tenía claves de acceso, por lo que podía saber todo de ella. Nunca me he arrepentido de que aquella noche la dejase marchar con Miguel, fui la última persona de la familia que la vio con vida, me despedí y le advertí que tuviese cuidado con la moto. Marta nunca me engañó sobre nada de su vida». Antonio todavía se acuesta cada noche con «premoniciones» de que será al día siguiente cuando se encuentre el cuerpo de su hija, para tener a alguien a quien velar y llorar en estas fechas, añade su mujer.

Los padres de Marta del Castillo dan hoy en un céntrico hotel de Madrid una muestra más de cómo se han fortalecido, gracias al apoyo de la gente y el cariño de quienes les rodean. Nos metemos en el ascensor con ellos y la madre de la joven de 17 años, Eva Casanueva, que contempla la panorámica de Madrid con la mirada perdida. Los demás hablan del «granizo-nieve» que está cayendo en la capital, ella enmudece. Pero recobra firme la palabra en la rueda de prensa. Agradece al periodista Alfonso Egea su dedicación al caso con este libro, en el que ella y su esposo escriben una carta abierta a la «estrella» que tienen ahí arriba. «Para que sepa que su muerte no quedó olvidada en un cartel de “desaparecida”». De momento, desde el extravío de Marta hasta la última declaración judicial queda recogida en un volumen de 345 páginas y un final abierto porque planean muchas incógnitas. Aún.

En los nuevos usos para relacionarse radica el grueso del sumario

Una de las novedades en las que indaga el libro es en el volumen (más de tres tomos de más de 500 páginas cada uno) de páginas que contienen SMS, conversaciones interminables de Messenger con horas y horas de charla entre jóvenes que demuestran, al entender del autor, el periodista especializado en sucesos Alfonso Egea, que «tenemos mucho que aprender de este caso. La sociedad, en general, porque es una falacia que los jóvenes no se comuniquen. Todo lo contrario. Son chavales normales y su forma de comunicarse es muy peculiar». Padres como él, o como Antonio y Eva, extraen esta conclusión del libro, y de que requiere nuevas formas de investigar los casos para la Policía -para cuya actuación los padres tienen muchas reservas y tachan de «dejadez» a algunos funcionarios policiales-. «No son simples niñatos, los jueces tienen que tener constancia de ello», completa Antonio.

Antonio y Eva hacen de tripas corazón y confiesan que han encontrado detalles en el libro que desconocían. Como la sociedad actual ignora qué esconden los adolescentes en sus charlas por internet y en su nueva forma de comunicarse. Este caso debe cambiar las cosas, incluso, para la Policía y los jueces

Eva vuelve a hacer de tripas corazón y confiesa que, sedada como pasó los primeros días de la tragedia y recibiendo después la información con cuentagotas, el libro ha servido para «poner orden en su mente, ante ideas que bullían de forma innecesaria. Me perdí muchas cosas». Como los espectadores de este luctuoso suceso que se encuentra en la última fase de la instrucción judicial, como que Samuel Benítez cambió de móvil al día siguiente del sábado 24 de enero, porque había contraído una cuantiosa deuda con una compañía telefónica que le había cortado la línea, así que su madre Margarita le compró una tarjeta para otro terminal. O que se han llegado a buscar los restos mortales de Marta en un caserío de Utrera, más allá del río y la zanja.

Tampoco es muy notorio que los tres chicos acusados por su implicación en el crimen o la desaparición del cadáver «compartían un antecedente penal, ya que Miguel había perpetrado un robo». Todas esas maniobras encontraban en sus perfiles en las comunidades virtuales de Tuenti y Facebook el refugio ideal, y el «aguijonazo» necesario para dar rienda suelta a sus acciones.

Confesiones inconfesables, sinceras muestras de cariño…

Señala el autor que «en los denodados esfuerzos por resolver el puzzle de la vida social de la víctima en internet puede que se encuentre una de las pruebas definitivas para demostrar algo tan importante como el móvil de un aseinato. Lo verán», emplaza al lector. Con ánimo de preservar los datos que se reflejan en esas vivencias relatadas por la Red, Alfonso Egea deja caer que Marta y «El Cuco» pudieron tener algo antes de que la joven saliese con Miguel Carcaño (se habló mucho de que pudo mantener un escarceo con Samuel, pero no con el joven de 15 años). Según los expertos de la Brigada Tecnológica que compilaron en una primera fase de instrucción esas charlas y el autor, bajo el ala de internet aparecieron problemas con los estudios, peleas entre chiquillos al salir de clase, testosterona y estrógenos a raudales, canciones, poesías, comentarios intrascendentes, confesiones inconfesables, sinceras muestras de afecto y cariño entre amigos, pero en ese universo también entran lobos con piel de adolescente buscando (quién sabe) una presa.

Frente a los padres, ahora, quedan las primeras Navidades sin Marta y la llegada del juicio, cuando haya pasado ya el primer año (el más largo de sus vidas) sin su hija. Confían en que sea un jurado popular el que finalmente se encargue de dar su veredicto, porque «los jueces se atienen a lo que recogen los artículos, mientras el jurado se detiene en lo que llega al ciudadano. Preferimos un jurado popular, aunque seguimos teniendo fe en la Justicia y confiamos en que un tribunal profesional también daría a cada uno de ellos el castigo que les corresponda».

Por Érika Montañes en ABC

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