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Cortar y pegar es más barato que contrastar

In Opiniones Humanas, Periodistas humanos on diciembre 15, 2009 at 11:25 pm

Cortar y pegar es más barato que contrastar. Los periodistas hemos asumido que la persona que ofrece una rueda de prensa es un tipo honesto que dice la verdad. Este tipo de escenificaciones son, por lo general, un ejercicio de ocultamiento. Los grandes medios anglosajones mandan periodistas pero rara vez informan de lo que allí se dice excepto en casos excepcionales. Las preguntas de sus enviados son casi siempre aceradas, directas y bien informadas.

En España descendimos un peldaño. De la rueda de prensa pasamos a la comparecencia: un tipo (casi siempre menor) con ínfulas sube al estrado, lee un papel preparado por sus asesores, pagados como él a cargo de los impuestos de todos, y no acepta preguntas. La declaración institucional debería ser un privilegio del Jefe de Estado (rey) que carece de poder ejecutivo y del presidente del Gobierno en casos gravísimos como el 11-M. Negarse a responder sobre sus actuaciones y sustituir esa obligación por un acto de propaganda resulta un desprecio a la ciudadanía y un desconocimiento de las bases de la democracia. Parece que responder preguntas es rebajarse, declarar es algo reservado a los grandes. Lo malo es cuando tipos como Francisco Camps se creen grandes.

Hubo un acuerdo entre los directores de los principales periódicos de no informar de comparecencias. Aún no se cumple. Los periodistas deberían levantarse y dar la espalda al impostor, a quien elegido por los ciudadanos (es un decir: fue su partido que le colocó bien alto en la lista para que deba favores) se niega a dar cuenta de sus actos. Al menos debería ser obligatorio informar de que el político o funcionario en cuestión se negó a responder, que su declaración no es espontánea sino una repetición de algo cocinado entre bastidores.

Las malas prácticas periodísticas se acumulan. La mayoría de ellas no son nuevas, siempre existieron, aunque se han extendido como un virus empujadas por la televisión de los informativos basura. La principal renuncia es a contrastar la información. Ese principio sagrado de no publicar nada mientras no se esté convencido de su certeza. La segunda renuncia es a dudar de los poderes públicos y de los privados. De ahí la norma de las dos o tres fuentes. De haber seguido estas normas, el diario ABC no hubiese condenado en primer página a un inocente adjudicándole la mirada de un asesino, un error al alcance de la inmensa mayoría de los medios de comunicación actuales, cada vez más inclinados al linchamiento en prime time que a informar de forma honesta a sus audiencias.

Estamos sustituyendo los lectores-radio-televidentes por los feligreses que sólo desean que les alimenten la ideología y los prejuicios. El problema es mutuo, de los periodistas y de los lectores actíticos.

Por Ramón Lobo en su blog personal

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