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El hombre y el monstruo

In historias humanas on diciembre 10, 2009 at 1:18 pm

Paul Naschy murió una noche de luna casi llena. Tenía 75 años. Sólo unas semanas antes, en octubre, presentaba emocionado sus nuevos proyectos, cinematográficos y literarios ante el público que abarrotaba el Auditori del Festival de Sitges. Hasta esa noche de luna casi esférica, Naschy siguió trabajando con las ganas de siempre, con el tesón de un hombre tan fuerte como una criatura fabulosa, con la pasión sedienta de un vampiro.

Su sobrenatural amor al cine fue al fin correspondido. En los últimos años, su figura y su obra de cineasta total consiguieron el reconocimiento de un país que le miró mucho tiempo como una madre altiva a un hijo raro que quiso ser un monstruo y lo logró. Naschy es uno de los grandes mitos del cine fantástico y de terror de todos los tiempos,  aunque gran parte de su carrera alejada del género (sus documentales sobre la obra pictórica del Museo del Prado y El Escorial, sin ir más lejos, o su trabajo en tierras japonesas) sea desconocida para el gran público. Sus películas, juzgadas en demasiadas ocasiones a la ligera, deparan momentos intensos y emocionantes. Y su talento brilló entre las tinieblas, especialmente cuando se animó a ponerse tras las cámaras para dirigir e interpretar sus propios guiones.

Naschy, le pese a quien le pese y no es nuestro caso, ya es inmortal. Su dedicación y entrega al cine de género permanecieron intactos durante toda su carrera, por encima de cambios políticos, circunstancias personales y modas cinematográficas. En miradas de cine queremos rendirle un oportuno (que no oportunista) homenaje recuperando en su integridad una entrevista parcialmente publicada hace un tiempo.

Quien escribe estas líneas tiene un cariño especial a esa conversación por varios motivos. No siempre era fácil conseguir que Naschy se quitara la coraza de monstruo solitario hecho así mismo contra un mundo escaso de imaginación, cobarde para enfrentarse a su lado oscuro y suficientemente prepotente como para despreciar  a veces las leyendas en las que se anclan las raíces mismas de su propia cultura. Pero cuando lo hacía, sacaba esa ternura que reflejan los ojos de los seres fantásticos con los que hizo feliz a tanta gente que aún espera escuchar su último aullido. Faltaban sólo dos noches para la luna llena. Descanse en paz, maestro.

El espanto surge de la tumba

Nunca olvidaré ese cartel maravilloso con los dos monstruos enfrentándose. Mi madre no me dejaba entrar al cine a ver películas para mayores de 18 años y esta lo era. La vi en el cine Iris, muy próximo a la casa donde vivía entonces. Conocía al acomodador por ir con mi madre los fines de semana a ver seriales de Fu-Manchú o el Capitán Maravillas. Me dejó pasar y me colé en el cine. Salí a la calle en estado de shock. Yo, que ya tenía mucha afición por el dibujo, me pasaba horas dibujando a los dos monstruos, obsesionado.

En aquella época los niños sólo tenían como distracciones el cine y los tebeos, por eso sigo siendo aficionado a ambas cosas. Aquella película me entusiasmó. En lugar de tener a héroes prototípicos a El zorro, Robín de los bosques o Dick Turpin, pasé a ser fan de los monstruos de la Universal. No vi ninguna película de género hasta muchos años después, pero aquella imagen se me quedó grabada.  Curiosamente hoy vuelves a ver la película y resulta totalmente inofensiva

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Rojo sangre

Desde entonces, le cogí afición al cine fantástico en su faceta más romántica (con elementos como la luna llena o el hombre bueno atormentado por la maldición de la licantropía). Aunque me gusta el cine fantástico en general, soy más partidario de la línea romántica y gótica que del gore, que me parece que está superexplotado. Prefiero películas con un argumento más profundo, en las que tengan importancia los sentimientos como el amor, en el caso de licantropía. En general, el elemento amoroso, erótico o romántico, tan maravilloso, tiene muchísima importancia para mí. No me imagino la vida sin ese elemento. Y más teniendo en cuenta que hay otros mucho más terribles, como el crimen, el odio y la muerte, que han creado los seres humanos. En el caso del cine que a mí me gusta, el amor adquiere una faceta liberadora.

Los monstruos del terror

Soy muy afín a los antihéroes. Tengo más simpatía por ellos que por los propios héroes. Todos estos personajes, como el jorobado de la Morgue o el propio hombre-lobo, son seres marginados, que tienen que ocultarse porque son diferentes y eso les da una profunda calidad humana, aunque sean monstruos y puedan producir horrores. Es mi filosofía de la vida, que se refleja forzosamente en las películas.

En una de las últimas ediciones del Festival Fantástico de Algeciras tuvieron el buen gusto de pasar un ciclo en 35 milímetros de la Universal, con esas imágenes de los hombres de bien persiguiendo al monstruo por haber tirado a una niña a un lago sin saber lo que hacía. Es una manera de ver el terror y la fantasía con unas cargas de profundidad que me recuerda a las viejas novelas románticas y góticas.

La marca del hombre-lobo

Lawrence Talbot era un hombre-lobo asexuado, que atacaba en elipsis. Entonces (en los tiempos del ciclo de terror de la Universal) era más ingenuo todo. Yo convertí al hombre-lobo en una criatura salvaje, tremendamente erótica, incluso ambigua en muchas ocasiones. No sabías si era bueno o malo. Aquello causó mucho impacto. Además, me inventé mi propia iconografía, con elementos como la cruz de Plata de Mayenza, y rescaté la idea de los cócteles de monstruos, a pesar de que haya gente que los trate peyorativamente. Cuando hice el primer hombre-lobo pensé que sería el primero y el último, y ya van catorce. Nunca podría hacer como Cristopher Lee, al que respeto muchísimo. Yo no podría renegar del hombre-lobo, porque sin él seguramente no hubiera alcanzado la dimensión cinematográfica que he alcanzado. Sé que si le ofreciera hacer de Drácula a Lee me diría que no

El lado oscuro

Uno está constituido por un fenotipo, lo que te rodea, y un genotipo, tu propia naturaleza. Si yo nazco y crezco en unas determinadas circunstancias eso va a influir en mi vida y mi obra. Yo viví la frustración sexual de la época, donde ver a una mujer desnuda era casi un tabú. No hablemos ya de las cosas religiosas. Eso influye en tu manera de ser. Como dicen bien en el extranjero, es más fácil analizar la historia de España hasta la transición mediante las películas de Paul Naschy que mediante las películas de Saura, donde todo era artificioso. Mi manera de contarlo era artificial, en el sentido de que hablaba de cosas inexistentes, pero tenía un realismo que no tenían las otras, en las que era todo mucho más ficticio. Puede que tengan razón, pero cuando escribía un guión lo hacía demasiado espontáneamente como para pensar en todo eso.

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La rebelión de las muertas

Tengo un concepto de la mujer muy diferente del habitual. Se ha dicho de mí que soy misógino, y no es verdad. Creo que la mujer es en muchos aspectos muy superior al hombre. Los enemigos femeninos que he creado son casi tan poderosos como el protagonista masculino. Las criaturas de las tinieblas que se enfrentan en los combates finales con Waldemar Daninsky suelen ser personajes femeninos.

Inquisición

La censura nos obligaba a que las cosas ocurrieran en otros países. Mi primer hombre-lobo se llamaba Luis Huidobro, pero no me dejaron y tuve que hacerle polaco y llamarle Waldemar Daninsky. No nos quedaba otro recurso.

El aullido del diablo

Si es tan malo lo que he hecho, ¿por qué se me reconoce? El jorobado de la morgue la castigaron (los críticos) aquí. Yo estaba rodando una película y me dijeron que me llamaba el Director del Festival de Cine de París porque la película había sido un éxito total: “Hemos tirado de la clausura una película americana para poner otra tuya, El gran amor del Conde Drácula (Javier Aguirre, 1972)”. Me llevé a Carlos Aured conmigo. Me dieron el premio de interpretación. Ahí estaba Orson Welles, que vino a felicitarme, cuando en España acababan de destrozarme. Veo las películas con ojos muy críticos y pienso están muy bien. Cuando me dieron un homenaje en Amsterdan vi Los monstruos del terror (Tulio Demicheli, 1970). Yo tenía otro concepto de la película, pero cuando la vi en 35 milímetros pensé que era maravillosa.

Te explico una anécdota que llega a lo patético. Jack, el destripador de Londres (José Luis Madrid, 1972) se rodó íntegramente en inglés. Una de las secuencias la rodamos en un tren inglés que discurría por la campiña inglesa. Pues un crítico dijo que se notaba descaradamente que era un tren de la RENFE.

Es aberrante. Cuando empecé en esto del cine lleno de ilusión no pensé nunca en eso. Los críticos a veces son bastante bestias, aunque hay de todo. Tengo una gran admiración por hombres como Luis Alberto de Cuenca, que ama la cultura popular y las leyendas ancestrales.

Si dicen (que mis películas) son malas, es su opinión. Es igual. Están ahí y el tiempo dirá. Lo cierto es que mucha gente empieza a descubrirme ahora y me llevo muchas sorpresas. La bestia y la espada mágica la ha visto mucha gente porque alguien ha hecho una copia en buenas condiciones y se la están pasando.

La cruz del diablo

La cruz del diablo (John Gilling, 1975) era un gran proyecto. Tuve la idea de unir varios relatos de Becquer (El monte de las ánimas, La cruz del diablo y Maese Pérez, el organista) y pensé para el reparto, además de John Gilling, en Cristopher Lee, Peter Cushing y Vincent Price. Pero una pandilla de sinvergüenzas me quitó de en medio. Hicieron barbaridades con el guión, como que los personajes pidieran whisky on the rocks en la Soria del siglo XIX. Gilling metió la pata hasta el corvejón e hizo una importante mierda. Les puse un pleito y no tuvieron más remedio que acreditarme y pagarme el dinero. Fui a verla y salí avergonzado. La historia es tan siniestra, tan sombría…

La furia del hombre-lobo

Hay mucha gente que ha hecho cine fantástico en España (Narciso Ibáñez Serrador, Jesús Franco, Amando de Ossorio…), pero no me han llamado.  Lo comenté en cierta ocasión con Peter Cushing y Terence Fisher, con mi mal inglés, y no lo entendían. Fisher preparaba conmigo una nueva versión de Doctor Jeckyll y Mister Hyde. Estuvimos escribiéndonos. Me mandó una primera versión de tratamiento de guión, pero murió. Era ya muy mayor, pero tenía un cerebro muy despierto

Tampoco me han llamado los directores modernos, como Álex de la Iglesia o Guillermo del Toro. Soy siempre yo el que llama a los directores. En el caso de los americanos lo entiendo más, porque yo no hablo inglés. He hecho películas ahí, pero no es lo mismo. Hice mal cuando tuve las tres oportunidades de irme a Estados Unidos, una con la Universal. Iba contratado. Me iban a hacer cursos especiales de inglés intensivo, pero no me decidí.

El caminante

Incluso en las películas de realizadores que me han interpretado (no siempre con acierto, por diferencia de ópticas), están los elementos que me han impactado: la presencia del antihéroe, los claroscuros o la influencia pictórica de Solana o Goya: la estética que siempre he amado. En El caminante (Jacinto Molina, 1979), por ejemplo, el tono de pergamino antiguo que tiene toda la película se inspira en Brueghel el viejo. En las vidrieras de El retorno del hombre-lobo está la influencia de Vermeer. Todo eso da una iconografía, una manera de ver las cosas. Esto en España no tiene demasiado valor porque priman otros aspectos. Si hubiera hecho películas exaltando los valores del momento o metiéndome en aspectos de la vida real con connotaciones políticas hubiera tenido más facilidades, pero uno debe hacer lo que siente y lo que le gusta.

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El carnaval de las bestias

Vi las barbaridades de la gente que ha torturado en Argentina. Sé que el infra-hombre existe y la maldad está presente. Desde que el mundo existe, el hombre comete bestialidad tras bestialidad. Eso para mí hace que el cine fantástico sea más real de lo que parece. La realidad es a veces tan absurda que se convierte en un elemento fantástico. Las culturas antiguas tenían eso presente y han inventado seres que están más allá de nuestra dimensión. El mal está dentro de nosotros, pero nos inventamos el demonio porque nos conviene. Así se reflejaba en El caminante (Jacinto Molina, 1979): el diablo está dentro de nosotros. Somos nuestros propios diablos.  Llevo muy dentro esa película, al igual que El carnaval de las bestias (Jacinto Molina, 1980), en la que cuando el personaje principal se da cuenta de lo malvado que ha sido, se lo comen.

Tengo la seguridad de que el fantástico es eterno mientras exista la delgada línea roja que separa la vida de la muerte. Tendrá épocas mejores y peores, mayores y peores talentos, pero mientras exista la muerte seguirá. Llevamos incorporado la angustia y el miedo. Evidentemente, (el cine fantástico) es inmortal.

El último kamikaze

Al cine fantástico actual, y me refiero sobre todo al español, le veo una carga negativa grande. Aunque ha avanzado en medios técnicos, es muy frío. Las últimas películas de terror no me emocionan nada. Sobre todo, me aburre la idea del niño fantasmal. Ya se hizo en su día Suspense (Jack Clayton, 1961), con Deborah Kerr de protagonista, pero para rematar la faena, surge Al final de la escalera (Peter Medak, 1980). Hecha esa película, hecha la mejor. Luego han venido Los otros (Alejandro Amenábar, 2001), El orfanato (Juan Antonio Bayona, 2007), las películas japonesas, etc. La que más me gusta es El espinazo del diablo (Guillermo del Toro, 2001), porque es innovadora a pesar de repetir la fórmula de la guerra civil. El resto son copias de copias. En cuanto a [REC] (Jaume Balagueró y Paco Plaza, 2007), que tuvo mucho éxito y de lo cual me alegro, ya estaba antes El proyecto de la bruja de Blair (Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, 1999). El orfanato me parece, con toda sinceridad, plana y previsible; no sé porqué ha tenido tanto éxito. No acabo de ver el truco por ningún sitio. Para eso, prefiero los grandes mitos.

Todos los gritos de silencio

Mis películas favoritas como director: El huerto del francés (1978), El caminante, El retorno del hombre lobo (1981), La bestia y la espada mágica (1983), Inquisición (1976) y El carnaval de las bestias (1985). Hay una película mía muy olvidada que tiene mucho interés, El francotirador (1977), que me costó estar amenazado de muerte. Salvaría todas, incluso las malas, si pudiera.

(algunos apuntes sobre) Empusa

Quiero contar la historia como ha sido. Esta película yo la pensé para Carlos Aured, con el que no había coincidido desde 1973. Pasados muchos años, Ángel Gómez, el director del festival de Algeciras, me preguntó por un personaje al que darle un homenaje. Yo propuse a Carlos Aured. Supe que había trabajado muchos años en Canal + y estaba muy alegre porque era el primer homenaje que le daban en la vida. Volvió a revivir y me confesó que andaba con un guión desde hace tres años. Me contó que había estado en contacto con Filmax. Le recibieron en Barcelona para decirle que ellos no trabajaban más que con gente joven o con talento, y él no tenía ni una cosa ni otra. Eso me pareció muy doloroso, porque yo le recordaba como un director muy aceptable, y le escribí un guión para que volviera a dirigir.  Escribí un primer guión, basado en El solitario, pero que resultaba muy caro para las posibilidades de montaje que teníamos en aquel momento. Entonces escribí Empusa.

Nos fuimos a Alicante, Valencia y Benidorm, porque de allí era el grupo de gente que financiaba la película. Entonces, empezaron las dificultades. Aured tenía de repente un carácter muy agrio, muy cortante. Esto hubiera sido subsanable, a pesar de que el casting era un tanto disparatado. Sin embargo, los cinco productores involucrados vieron la proyección en pantalla grande y le llamaron al orden, le dijeron que tenía que rehacerlo, pero él hizo caso omiso. Los productores amenazaron con retirarse y me pidieron que la dirigiera yo. Me sentí responsable y tuve que retomar la película, pero casi recomenzándola. Con Aured no tuve ni una sola discusión, pero yo no era el productor.

Como la preparación era insuficiente, lo pasé mal durante tres meses de una dureza extrema. Meses después hablé con él y le dije que respetaría su nombre. Desgraciadamente, vino el desenlace (Carlos Aured falleció en 2008). Creo que no pudo soportar tener el juguete en las manos y romperlo. Bien que lo siento y bien que me ha hecho sufrir. Películas como El espanto surge de la tumba (1972) y La venganza de la momia (1973), que me resultan extraordinarias, van a permanecer siempre.

Empusa está basada en una criatura vampírica de hace cuatro mil años que crearon los griegos. Los métodos tradicionales para combatirla no valen, porque son anteriores al cristianismo. Tiene un final sorprendente, en el que no gana quien parece que va a ganar.

En Empusa sigo jugando con la idea del goticismo Cuando se pasó un teaser de la película en Sitges la gente me decía que se estaba recuperando la esencia del género.

Mi perro Aquiles

Mi próximo proyecto, Mi perro Aquiles, es bastante extraño. Es la historia de un ermitaño, que incluso llega a levitar, y cuyo personaje principal es Don Quijote. Se va a rodar parte en La Mancha. Será un Don Quijote muy en la línea de Cervantes, pero con innovaciones. Don Quijote, a pesar de ser una novela apegada a la tierra, es un relato fantástico. La película juega con elementos insólitos (un asesino en serie, traficantes de órganos), a pesar de respetar la figura del hidalgo, pero también hay elementos muy clásicos. Será una película muy cara, en el caso de que la consiga montar, porque materialmente la estoy promoviendo yo solo.

La protagonizará Christopher Lee. En este caso, se ha ofrecido él. Le pregunté qué personaje le gustaría interpretar y me dijo que le enloquecería hacer de Quijote. La idea me pareció magnífica.

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El francotirador

Cada vez que veo el cariño y la sinceridad con que me reciben pienso que no le puedo pedir más a la vida. ¿Qué pretendía yo? Hacer cine fantástico, pues lo he hecho. ¿Interpretar al hombre-lobo? Lo he hecho. Soy consciente de que en España no me van a dar el Goya de Honor, pero tengo la Medalla de Honor de las Bellas Artes. Me otorgaron el premio Carl Laemmle y figuro en el Hall of Fame. Cuando en Inglaterra eligieron los trece hombres más importantes del fantástico ahí estuve, al lado de Lon Chaney. Recibí el premio al Mejor actor de cine fantástico de todos los tiempos que los críticos independientes de cine otorgan en Los Ángeles. Tengo el Premio a toda mi trayectoria de la revista Fangoria. ¿Cómo miro la botella? Vamos a verla media llena y que sea lo que dios, o el diablo, quiera.

Por Javier Pulido en Miradas

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