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Que la muerte no le gane a la justicia

In Opiniones Humanas on diciembre 9, 2009 at 5:36 pm

“La muerte le ganó a la justicia”. Con estas palabras, Mario Benedetti se refirió al fallecimiento del dictador Augusto Pinochet. Sin embargo, el escritor uruguayo quiso que su muerte no acabara con su compromiso con la Justicia. Para ello, su testamento destinaba toda su herencia a la Fundación Mario Benedetti a la que encargó dos funciones prioritarias: el fomento de la cultura y la defensa de los Derechos Humanos.

“No es el olvido lo que puede salvar a una comunidad del rencor y la venganza. Sólo el ejercicio de la justicia permite que la comunidad recupere su equilibrio”. Con estas palabras del escritor comienza la carta que la Fundación Mario Benedetti dirige al gobierno del Brasil para que agilice la extradicción del confeso represor del Plan Cóndor, el coronel uruguayo Manuel Cordero. Ésta ha sido la primera iniciativa de una institución que no se creó durante la vida del escritor porque temía que fuese entendida como una falta de modestia, según explica su secretario personal Ariel Silva, gerente de la fundación que, siguiendo los deseos del escritor, dirigen intelectuales con una trayectoria marcada por el compromiso social y que además compartieron amistad, como Daniel Viglietti, Eduardo Galeano, Guillermo Chifflet, el médico Ricardo Elena y Sylvia Lago, presidenta de la institución, con quien ha conversado P+DH.

“Manuel Cordero es responsable de algunos de los vuelos de la muerte donde se traían a los presos desde Argentina, y desde los cuales a veces eran arrojados al mar y otras traídos hasta el país para ser torturados y asesinados. También está perseguido por la justicia argentina por el caso de la Automotores Orletti, donde fueron torturados, desaparecidos y asesinados decenas de uruguayos, por orden de Cordero. Desde 2004 vive en el sur de Brasil bajo arresto domiciliario aduciendo problemas de salud, pero se le ve paseando por el barrio y en cualquier momento podría huir”, nos explica Sylvia Lago. De hecho, Manuel Cordero ya escapó de la justicia cuando un juez abrió una causa contra él por apología de la tortura después de que reivindicará en el semanario uruguayo Búsqueda el uso de la violencia que había practicado durante la dictadura como una forma válida para obtener confesiones. Fue entonces cuando huyó a Brasil y se declaró “perseguido político”. Un año más tarde, fue localizado gracias al trabajo del defensor de derechos humanos Jair Krischke en una investigación realizada en colaboración con La República, por la que encontraron en el consulado uruguayo un documento firmado por Cordero para que un familiar pudiese cobrar su jubilación militar. Mientras la justicia brasileña discutía la posible aplicación de la ley de amnistía de 1979, Cordero pasó algunos meses en una sede policial y  en una militar, hasta que le fue concedida la prisión domiciliaria porque tenía que someterse a una operación de corazón. Desde entonces, las causas judiciales abiertas contra Cordero se han ido acumulando.

“Cordero es uno de los más sanguinarios represores del Plan Cóndor, acusado como asesino, secuestrador, torturador y violador de detenidas, que provocó la desaparición de decenas de personas, entre otros delitos por los que fue denunciado ante la justicia de Uruguay, de Argentina, de Italia y de España”. Éste es el primero de los seis párrafos que los integrantes de la fundación necesitan para explicar el historial de barbarie con el que carga Cordero en una carta que fue entregada por Eduardo Galeano al embajador brasileño en Uruguay. El 11 de septiembre de 2008 el Supremo Tribunal de Brasil, compuesto por diez ministros y un presidente que no vota salvo en caso de empate, negaron la extradicción. Sin embargo, el caso fue retomado gracias al ministro Ricardo Lewandowski quien, refiriéndose a la desaparición de niños que también se le imputa adució que “el secuestro tiene carácter permanente hasta que la víctima sea entregue”. El 7 de agosto se aprobó el traslado del represor a Argentina, pero no a Uruguay, según apuntan, para que no pueda ser juzgado varias veces por el mismo delito. Pero el tribunal aprobó un plazo de treinta días y desde entonces ya han pasado más de tres meses.

La carta ha sido firmada por más de mil personas, entre ellos reconocidos intelectuales y artistas como Joan Manuel Serrat y Juan Gelman, cuya vida ha estado especialmente marcada por este asunto. Manuel Cordero está implicado en la desaparición de su nuera y en el secuestro de la identidad de su nieta, a quien encontró veinte años después de su desaparición. Pero parece que el fin de la impunidad está cerca.  Según nos cuenta Sylvia Lago “el presidente brasileño ha declarado que se está tramitando el proceso de extradicción y que falta mucho menos. La carta ha conseguido agilizar los trámites”.

Sylvia Lago es directora del Departamento de Literatura Uruguaya y Latinoamericana de la Universidad de Humanidades de Montevideo, un cargo que ocupó Benedetti en 1971, cuando ya su reconocimiento era internacional y dos años antes del golpe de Estado que sumió a Uruguay en una dictadura larga y sangrienta y al escritor en un largo exilio. “La fundación Mario Benedetti trabaja con organizaciones de familiares de desaparecidos y presos políticos para el esclarecimiento de los delitos de lesa humanidad y para la aplicación de la Justicia a todos ellos. Hemos participado en la campaña de derogación de la Ley de Caducidad, y aunque ha vuelto a ser denegada en el último referéndum, seguiremos intentándolo porque como decía Mario la esperanza es imposible de decapitar. Tendremos resultados pronto”, nos explica esta mujer de voz juvenil y conversación educada y paciente, tan identificativa de la lucha de las víctimas uruguayas. Sylvia nos atiende desde la Casa del Autor de Montevideo “porque aún estamos en proceso de sucesión de la herencia y aún no tenemos sede ni nada. Pero en cuanto tengamos un lugar, estaremos encantados de recibiros a todos”. Benedetti adjudicó otra función fundamental a la fundación, la de la ayuda a los jóvenes escritores, para los que se organizarán cursos, becas y premios, entre otras actividades. “Mario fue una persona donde literatura y ética andaban a la par. Querido, amado y estudiado, su pérdida es sólo física porque su permanencia en las letras lo ha convertido en un clásico”.

Y con esta primera acción de la Fundación, el compromiso con la justicia de Benedetti ha ganado a la muerte.

Por Patricia Simón en Periodismo + Derechos Humanos

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