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Así sufrimos el cambio climático

In Fotografías humanas, historias humanas on diciembre 8, 2009 at 12:05 pm

Ahí están. Mirándonos. Testigos en 15 países, desde Suiza y España hasta Mali y Australia, de lo que ya está pasando. Agricultores que se han quedado sin cosecha por las sequías, pueblos en peligro por la rotura de la capa de hielo, habitantes de islas que han perdido sus casas por las inundaciones. Un viaje alrededor del mundo para dar voz a las víctimas del cambio climático, en vísperas de la cumbre mundial que comienza mañana en Copenhague para tratar la mayor enfermedad del planeta.

Ha llegado. Raro es el día en que no sale en prensa alguna noticia relacionada con el cambio climático. Recientemente, en sólo cuatro días y en este mismo periódico, leímos estos titulares: “Las largas sequías amenazan la dehesa española”. “Los aviones deberán planear los últimos 180 kilómetros para reducir el CO2”. “La eólica supera por primera vez la mitad de la producción eléctrica”. “Europa busca un pacto climático de mínimos que arrastre a EE UU”. Las ramas del problema se diversifican hasta abarcar cualquier parte del periódico. Y de la vida.

Desde la publicación en noviembre de 2007 del Cuarto informe del grupo intergubernamental de expertos sobre el cambio climático, en el que participaron 2.500 científicos de cien países, las dudas y los escépticos se han reducido al mínimo. Parte negativa: las temperaturas medias del planeta efectivamente están aumentando, y ha quedado demostrada la influencia del impacto humano a través de la excesiva emisión de dióxido de carbono. Los datos no admiten muchas interpretaciones. Allá va uno de tantos: según la Agencia Estatal de Meteorología, el verano de 2009 ha sido en España el tercero más cálido desde 1961, con una temperatura 1,9 grados superior a la media. Además, los otros dos veranos más calurosos han sido también recientes: los de 2003 y 2005.

Parte positiva: hay solución y estamos a tiempo de cambiar esta trayectoria. Los expertos establecieron en dos grados el nivel de calentamiento a partir del cual la Tierra experimentará trastornos que afectarán seriamente a la humanidad. Para no alcanzar ese umbral, los científicos han marcado la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de los países desarrollados entre un 25% y un 40% respecto a 1990; los países que se están desarrollando deben acortar entre un 15% y un 30% sus curvas actuales de emisiones para no llegar al caos. Como destaca Aida Vila, de Greenpeace: “Hay tecnología, energías renovables que nos permiten abandonar el modelo de dependencia del petróleo y del carbón. Sabemos cómo hacerlo, ahora se necesita voluntad política para dar el paso”.

eso es lo que parece que falta, dados los oscuros augurios, para llegar a un acuerdo la próxima semana en Copenhague; sobre todo por las reticencias de tres gigantes: EE UU, China y Rusia. El Protocolo de Kioto estableció por primera vez unas medidas jurídicamente vinculantes de limitación de emisiones de dióxido de carbono para el periodo entre 2008 y 2012. Ahora ese texto debe ser completado en Copenhague, ya que, por ejemplo, EE UU nunca lo firmó. Todo, según la ruta marcada por Naciones Unidas, de cara a conseguir una reducción global del 50% de las emisiones en 2050 respecto a 1990. La UE ha asumido hasta ahora un papel líder. “Ha apostado por esta bandera como seña de identidad de la construcción europea y mundial”, señala Teresa Ribera, secretaria de Estado de Cambio Climático, del Ministerio de Medio Ambiente. Ha ofrecido recortar un 20% sus emisiones para 2020 (30% si se alcanza un acuerdo internacional). Barack Obama no quiere pillarse los dedos con un acuerdo internacional hasta que el Congreso de EE UU no apruebe su plan energético, pero manejan rebajas del 17% al 20%. “Ahora resulta que va por el mundo subrayando el no, no podemos”, le critica Aida Vila. “Sucede que en EE UU la demanda social es claramente insuficiente”, apunta Ribera, “por la inercia tan fuerte que tienen de energía barata; no lo ven como un tema prioritario. En el polo opuesto está Suecia, donde sus gobernantes se ven presionados por la opinión pública en sentido inverso, para alcanzar cada vez mayores compromisos de reducción”.

Aida Vila no entiende a España: “Cómo es posible que siendo uno de los países más afectados por el cambio climático (sequías, desertificación, incendios forestales, presión migratoria de los países africanos) y que más beneficios podría sacar de un compromiso mundial dado su liderazgo en energías renovables como la eólica, su voz apenas se oiga. Además, el 1 de enero asumimos la presidencia europea”. También influye su escaso cumplimiento de Kioto: la UE nos asignó un aumento de las emisiones respecto a 1990 del 15%, pero nos pilló en pleno subidón económico y demográfico y andamos por el 42%.

Ribera insiste en que, sin quitar dramatismo al asunto, quizá se haya puesto demasiado el acento en lo negativo, en los sacrificios que esto nos supone; y ahora debemos saber transmitir la cara positiva: que se puede cambiar el rumbo, que es una oportunidad para adoptar otro modelo de desarrollo, más solidario y sostenible. “Porque el cambio climático, como la crisis, muestran las grietas del modelo de crecimiento descompensado que hemos estado siguiendo y que supone incrementar desequilibrios y vulnerabilidades”. Cambio climático y crisis serían la fiebre de un planeta enfermo. La flecha de la salida es la misma. Cambiar de actitud, según subraya también Mar Asunción, de Adena/WWF:  “Tenemos una ocasión extraordinaria. Aprovechémosla, porque hasta ahora sólo se están poniendo parches”. Termina Aida Vila: “Mientras EE UU y Europa marean, en algunos sitios es cuestión de vida o muerte”. Gente como la de estas páginas que nos dice: “No nos queda tiempo. Nos estamos hundiendo”.

"Cuando era pequeño, llovía mucho. Ahora apenas hay agua" Chai Erquan. 65 años. Agricultor y pastor. Hongsheng, Ganzu (China) La desertificación está amenazando seriamente la provincia china de Ganzu. El número de tormentas de arena se está multiplicando y cada vez se pierden más tierras de cultivo por el avance del desierto. "Creo que la vida será cada vez más difícil aquí. No tenemos mucha esperanza. Apenas hay agua. Sin embargo, cuando era pequeño, llovía mucho, teníamos agua y riachuelos por todas partes".

"El tiempo está loco y eso nos preocupa mucho" Gumersindo Sutta Illa (54 años) y su nieto Richard Guerra Sutta (10). Agricultores. Chahuaytire (Perú) Las temperaturas en los Andes peruanos han aumentado y el tiempo es cada vez más imprevisible. Los pueblos indígenas de esta zona han cultivado patatas durante miles de años, pero este tubérculo ya no se da bien. "El tiempo está loco, está constantemente cambiando y eso nos preocupa mucho. No sé qué pasa, pero hay muchas heladas y el aumento de la temperatura está afectando a la tierra".

"Si esto empeora, el ganado desaparecerá. Y nosotros también" Dogna Fofaza. 66 años. Cazador y agricultor. Dioumara (Malí) En la última década, las precipitaciones han disminuido en Malí entre un 30% y un 40%. La temporada de lluvias llega tarde y es más corta. "No entiendo por qué ahora hace más calor que antes. Ha habido un cambio, un gran cambio. El agua que cae no basta. Si esta situación empeora, el ganado desaparecerá. Y nosotros también".

"Nunca olvidaré esos huracanes" Yusnovil Sosa Martínez (33 años), su mujer Antonia González Cotino (41) y su hijo Yosdany Miranda González (10). Pinar del Río (Cuba) La intensidad de los huracanes en el Caribe está creciendo. En 2008, Gustav e Ike causaron intensas lluvias. La casa de Yusnovil Sosa Martínez quedó destrozada. Un año después aún viven en una pequeña choza. "Llegaron uno detrás de otro. Nunca lo olvidaré. Fue un desastre. Allí por donde pasaban, no dejaban nada en pie".

"Si no hay qué comer, no tenemos más opción que arriesgar la vida" Hosnaara Khatun (22 años) y su hijo Chassan. Gabura (Bangladesh) "Hace siete días, un tigre mató a mi marido cuando fue al parque de Suderbans a coger miel. Estoy desesperada. El cultivo de arroz ha bajado. Casi no hay peces en el río. La vida es muy dura. Aunque ir a Suderbans es muy peligroso, porque hay cientos de tigres, la gente seguirá yendo. Si no hay qué comer, no tenemos más opción que arriesgarnos".

"Nos esperan situaciones peores" Rinchen Wangali (38 años), su mujer Phuntsok Amgmo (37) y su hijo Tsewag Tobjor (1). Agricultores. Víctimas de una inundación. Ladakh (India) Las lluvias torrenciales son un fenómeno nuevo en Ladakh. La casa de esta familia quedó destruida por una inundación. "Me da miedo el calentamiento y que la nieve de los glaciares se derrita. En el futuro nos enfrentaremos a situaciones peores".

"Nuestra tierra está desapareciendo" Sandy Adam. 55 años. Cazador de ballenas. Esquimal inuvialuit. Canadá Touktoyaktut, el pueblo esquimal inuvialuit situado en el oeste ártico de Canadá, está gravemente amenazado por la erosión. "Más de la mitad de nuestra tierra ha desaparecido. Se está erosionando. Estoy convencido de que el mar ha absorbido parte de nuestro mundo. Y no sólo aquí, sino por todas partes".

"Lo malo es la rapidez del cambio" Christian Kaufmann. 48 años. Pastor. Grindelwald (Suiza) Creció en una cabaña junto al imponente glaciar Grindelwald. En los últimos 20 años, el glaciar ha retrocedido a un ritmo muy rápido. "Esto no es normal. Otras veces el proceso del cambio climático ha sido más lento. Una generación no podía percibirlo. La flora y la fauna se podían adaptar. Eso es lo malo. La rapidez".

"Antes llovía cuatro meses, ahora sólo dos" Hassin Abakar Khoraj. 71 años. Agricultor. Alibeit (Chad) En muchos puntos de Chad la reducción de las precipitaciones está causando graves problemas. Los agricultores no pueden cultivar sus campos y eso provoca falta de alimentos. La mayoría de los vecinos de Alibeit han tenido que abandonar su pueblo por la sequía. "En el pasado, la estación de lluvias duraba desde junio a septiembre. Ahora sólo llueve en julio y agosto. Ya no tenemos suficiente agua".

"Dicen que no pasa nada. Los políticos tendrían que venir aquí" Margaret Aliurtuq Nickerson. 54 años. Alaska (Estados Unidos) Newton es un pueblo indígena en el oeste de Alaska. En pocos años, la aldea desaparecerá por culpa de la erosión que está produciendo el río Ninglick. Sus 320 habitantes tendrán que mudarse. "Nuestros políticos dicen que no pasa nada. ¡Cuánta ignorancia demuestran! Tendrían que venir aquí, vivir aquí y darse cuenta de la realidad".

"Vivimos como en un barco" Avetik Organisovitch Nazaryan (50 años), Luzmila Nikolaevna Nazaryan (37) y su hija Liana Avetikovna Nazaryan (5). Habitantes de una casa semihundida. Liberia (Rusia) En liberia, la capa subterránea de hielo se está derritiendo. Esto produce daños en las construcciones. Avetik: "Vivimos como en un barco. Debajo de la casa hay metro y medio de agua. En verano apenas podemos respirar por el vapor que está en el aire permanentemente".

"Espero un cambio en la gente" Scott Sutton (44 años). Encargado del campo de golf Wild Horse. Las Vegas (Estados Unidos) El clima en el suroeste de EE UU es ahora más seco. La falta de agua ha multiplicado las iniciativas para ahorrarla. En este campo de golf están sustituyendo el césped por plantas autóctonas. "Creo que no tenemos otra alternativa. Yo espero que la gente se dé cuenta y se produzca un cambio de actitud".

"Mi pueblo está muy cansado" Sombou Bury. 25 años. Miembro de la minoría peul. Ngnamerouré (Malí) La tribu nómada de los peul está padeciendo las consecuencias de la falta de lluvia. Creen que su forma tradicional de vida está en peligro. "Nosotros, el pueblo peul, estamos muy, muy cansados. Las mujeres, los animales, todos estamos muy cansados. No tenemos agua ni qué dar de comer a los animales".

"Hay que pensar en nuestros hijos" John Glance. 55 años. Músico. California (EE UU) Posa en el paisaje que rodea su casa, calcinando por un incendio el pasado septiembre. Los fuegos cada vez son más frecuentes y virulentos en California por las altas temperaturas. "Creo que tenemos que pensar en nuestros hijos y nietos, porque ellos se preguntarán: ¿pero en qué estaba pensando toda esta gente?".

"Lo de los glaciares es dramático" Johann Kaufmann (36 años). Director de guías de montaña. Grindelwald (Suiza) Los glaciares, la gran atracción turística de la zona donde vive, están en claro retroceso. Él se ve afectado directamente. "Es algo dramático lo que está pasando. Por el aumento de las temperaturas no se forma el suficiente hielo para alimentar el glaciar, ni para mantener su equilibrio".

"No quiero ir a vivir a otro lugar" Taibo Tabokai (15 años). Vive en un pueblo inundado. Atolón de Abaiang (Kiribati) Su pueblo, Tebunginako, ya ha perdido una franja costera de cien metros de ancha. "Ha venido gente de fuera y nos han reunido a todos los del pueblo para explicarnos que no tengamos muchas esperanzas, que al final podemos perderlo todo aquí. No quiero tener que ir a vivir a otro lugar por la fuerza".

Por Mathias Braschler y Monika Fischer en El País Semanal

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