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El viaje a ninguna parte de Francisco bajo Nueva York

In Breves humanos on noviembre 26, 2009 at 2:54 pm

Metro de Nueva York (Getty)

Francisco Hernández, hijo de Marisela García, una inmigrante mexicana en Brooklyn, Nueva York, llegó el 15 de octubre al colegio sin haber hecho los deberes. El profesor le puso un castigo y, según cuenta, le riñó ante toda la clase por no concentrarse. Así que Francisco decidió que aquella tarde no volvería a casa. Con sólo su abono de transportes y diez dólares en el bolsillo, el muchacho caminó diez manzanas desde su colegio hasta la estación de Metro de Bay Parkway, le quitó la batería al móvil y se subió en el primer tren que encontró.

Hasta aquí nada fuera de lo común, una pataleta de un chico de trece años. Pero Francisco no es un adolescente convencional. Sufre una variante del autismo, el Síndrome de Asperger que, pese a no afectar a sus capacidades cognitivas, limita seriamente sus capacidades para las relaciones personales. Tampoco su hazaña tiene nada de ordinario, porque estuvo 11 días desaparecido en el Metro de Nueva York.

Francisco sobrevivió durmiendo en los vagones (en la Gran Manzana no sorprende ver a pasajeros tumbados en los asientos, aprovechando el viaje para echar una cabezada), alimentándose de las patatas fritas de las máquinas expendedoras y bebiendo en los servicios públicos. Pese a que su madre denunció inmediatamente su desaparición, la policía no lo encontró hasta el 26 de octubre, cuando afortunadamente una agente lo reconoció en una estación de Coney Island.

Marisela García acusa a la policía de Nueva York de actuar con desidia en la búsqueda de su hijo por ser ella una inmigrante que no se expresa bien en inglés. El departamento se defiende diciendo que comenzó una búsqueda masiva al día siguiente, en la medida que lo permitieron los cientos de casos abiertos. Pero lo realmente sorprendente es que en la red de Metro neoyorquina, blindada tras el 11-S y poblada de sofisticadas cámaras de seguridad, un muchacho sólo y sin capacidad de relacionarse pudiera desparecer a los ojos de todo el mundo durante 11 días.

Sorprendente para los observadores externos, al menos, porque los conductores afirman que cualquiera podría esconderse en el Metro una buena temporada. Basta con no querer ser encontrado.

A las preguntas de los periodistas, Francisco respondió que se sentía “bien” al volver a casa, que “había perdido el sentido del tiempo” en los túneles del Metro. Preguntado sobre qué pensaba del esfuerzo destinado a encontrarle, le costó mucho más encontrar las palabras.

“A veces no sé como me siento. A veces no sé como expresarme. Lo único que quería es que no me volvieran a gritar”.

Un autista será indemnizado tras un año en la cárcel

También en Nueva York, un hombre autista llamado Ozem Goldwire recibirá 340.000 dólares tras pasar un año en la cárcel acusado del asesinato de su hermana. Según el veredicto, el hombre fue retenido 21 horas por la policía durante las cuales se le gritó, insultó, empujó y acusó de incesto. Los agentes le dijeron que no saldría hasta haber firmado una confesión. “La tormenta perfecta para una confesión falsa”, en palabras del juez.

El crimen de Shekira Goldwire, ocurrido en 2006, sigue sin resolverse, y los tres detectives que extrajeron la confesión falsa a Ozem no serán sometidos a medidas disciplinarias.

Por Paolo Fava en El Blog del editor de Yahoo!

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