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Engañaron a la muerte y vivieron para contarlo

In historias humanas on noviembre 25, 2009 at 4:00 pm

«Cheating Death» (Engañando a la Muerte) es el título de un polémico libro que acaba de aparecer en Estados Unidos. Es polémico por el tema –explora la zona médica gris entre la vida y la muerte, poniendo un controvertido acento en casos de «resurrección» contra todo pronóstico y dando argumentos a los detractores de la eutanasia- y por el autor, Sanjay Gupta, un neurocirujano reconvertido en estrella mediática que estuvo a punto de convertirse en el portavoz sanitario de Barack Obama.

El libro tiene un fuerte componente de historia humana. Cuenta casos como el de un esquiador que se cayó en la grieta de un glaciar y murió (o casi) congelado. La congelación de un cuerpo humano se parece tanto a la muerte, nos cuenta Gupta, que una norma de las urgencias médicas es no dar por muerto a nadie antes de «calentarle».

El problema es que eso no es tan fácil. Según el neurocirujano de cabecera de la Casa Blanca, los procesos necesarios para que el organismo recupere su temperatura normal pueden provocar una seria cascada de destrucción celular. Prueba de ello es que al esquiador de nuestra historia le bastó con unos días para sobreponerse a la congelación…pero le llevó meses rehabilitarse de los efectos secundarios de la «descongelación».

Un caso casi a la inversa es el de un hombre sano de 68 años que sufrió un paro cardíaco en el gimnasio. Cayó muerto (o casi) en la cinta de correr. Una vez los médicos consiguieron restablecer los latidos de su corazón le transfirieron a una unidad de curas intensivas especializada en hipotermia terapéutica: le congelaron durante días. Según Gupta este tipo de técnicas de hibernación equivalen a darle al botón humano de la «pausa»: frenar el deterioro del organismo, reducir el gas al mínimo, ganar tiempo. Este hombre pasó de la congelación artificial al coma y de allí a una recuperación lenta pero plena. Ahí es nada visto el punto de partida.

Finalmente está el hombre de 59 años que «casi» murió en un accidente de tráfico. A este le hicieron volver de la muerte con una nueva técnica de resucitación consistente en comprimir rápida y regularmente el pecho, prescindiendo de la respiración boca a boca de toda la vida. La teoría es que mantener altos niveles de oxígeno en la sangre importa menos que mantener la sangre circulando. El éxito fue tal que en sólo seis semanas, el mayor problema de este paciente eran las magulladuras en sus costillas.

Estas reconfortantes historias de supervivencia contra todo pronóstico conviven en el libro con reflexiones sobre curas milagrosas que la ciencia aún no sabe explicar. Y sobre todo con inquietantes advertencias sobre lo impreciso de la muerte cerebral. «En este país se toman cada día decisiones de desconectar gente de las máquinas que les mantienen vivos sin darles realmente una oportunidad», atestigua un médico que se opuso contra viento y marea a un paciente que parecía en coma irreversible. El médico se mantuvo firme y un día el paciente despertó.Fue asesor de Hillary Clinton

The New York Times califica este material de «inflamatorio» y augura que dará pie a muchos debates éticos y científicos. Más viniendo de alguien tan «telegénico» –lo dicen con cierto tono despectivo- como Sanjay Gupta, con su larga trayectoria de colaboración tanto con los medios de comunicación como con la Casa Blanca. Fue asesor de Hillary Clinton cuando esta era primera dama y en enero del año pasado su nombre sonó para ser director general de la Sanidad Pública. Eso le habría convertido automáticamente en la voz de la reforma sanitaria. Sólo que en marzo, el mismo Gupta retiró su candidatura.

Los motivos no quedaron muy claros entonces. Pero en la trayectoria de Gupta hay tanto material para el mito como para la polémica. Nacido en Michigan de padres inmigrantes indios, Gupta alterna hace tiempo el estrellato médico con el televisivo. En 2003 viajó a Irak para cubrir la invasión desde el punto de vista médico. Acabó operando a un marine gravemente herido en la cabeza y le salvó la vida. La revista People le proclamó el Hombre Más Sexy de ese año (honor que este año ha recaído en el actor Johnny Depp).

Se consagra así un carrerón que le lleva a hacer regulares apariciones estelares en programas como el de Larry King o el de Anderson Cooper, a tener una columna propia en Time, etc. Sus intervenciones desde el Charity Hospital de la Nueva Orleans golpeada por el Katrina hicieron época.

Pero no todo son parabienes y fans. Gupta también tiene sus detractores. Hay quien considera que su visibilidad mediática le frivoliza como médico y por eso su candidatura para director general de la Sanidad Pública fue seriamente contestada. Llovieron ataques tanto por la derecha como por la izquierda. Gupta se enzarzó con el mismísimo Michael Moore a raíz del documental de este último sobre la Sanidad de Estados Unidos, Sicko. Gupta acusaba a Moore de falta de rigor con los datos, principalmente al comparar la prestación social médica americana con la cubana. Moore acusaba a Gupta en particular y a la CNN en general de estar vendidos a la industria farmacéutica.

Por Anna Grau en ABC

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