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Desalojo forzoso del ‘viudo’ de un brigada que denunció a Defensa por discriminación

In historias humanas on noviembre 24, 2009 at 11:01 pm

“Es mi casa, por favor, esto es una injusticia”. Destrozado, entre lágrimas y gritos ha tenido que sacar la Policía Nacional a José Luis González Farrais de la vivienda militar de Madrid en la que ha residido “los últimos 15 años”, seis de ellos con su pareja, un brigada de profesión que falleció de leucemia en 2001. Abrazado a su madre y a su padre, no encontraba consuelo. “Voy a dormir en la puerta de la calle”.

Pasadas las 10.00 horas, tres funcionarios y ocho agentes procedían a ejecutar el desalojo de la casa. “Yo no pido que me den nada. Sólo quiero un trato igual al que se ha dado a los demás vecinos. ¿Por qué a mí no me venden la casa como al resto de personas?”, clamaba José Luis en el rellano de su casa, con la carta que ha enviado a la ministra Carme Chacón en la mano.

Desde que murió su pareja, no ha parado de llamar a todas las puertas para evitar que le echaran de su hogar. “Me echan cuando el Tribunal Constitucional todavía no ha respondido a mi petición de amparo por vulnerar el derecho de igualdad”. Y está dispuesto a llegar al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo.

’15 años pagando y ahora me quedo en la calle’, se podía leer en una de las pancartas colgadas de las ventanas de la vivienda. ‘Por una España sin homofobia’, recogía otra. Muchos vecinos conocieron la relación de José Luis y Jose. “Testificaron en los juicios y ahora han apoyado firmando para que no me echen”, explicaba poco antes del fatal desenlace. “Sigue luchando, no te hundas”, le animaba una vecina del bloque de enfrente.

Al quedarse ‘viudo’, José Luis acudió al Instituto de la Vivienda de las Fuerzas Armadas (INVIFAS) con el fin de subrogarse en el contrato de cesión de uso de la vivienda. No pudo ser. “Defensa no consideraba probada mi relación. Entonces no existía el matrimonio entre personas del mismo sexo”.

En estos ocho años de batalla sin cuartel, José Luis ha acudido a distintas instancias judiciales. El Tribunal Superior de Justicia de Madrid reconoció su relación (“no se discute que existiera una relación de afectividad”, recoge la sentencia), aunque no consideraron acreditada “una efectiva convivencia en el domicilio”, recoge el documento. Para poder subrogarse al contrato, estos dos son requisitos imprescindibles.

Con dos mantas, tres maletas y sus loros, José Luis lloraba amargamente en el portal de la casa. “Los jueces también se equivocan. He presentado recibos, el testamento de Jose, cartas del banco, tarjetas sanitarias… Mi casa siempre ha sido ésta”. Ahora tiene 15 días para meter en cajas 15 años de su vida, si no acabarán en el vertedero.

Por Amaya García en El Mundo

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