Selector Ð periodismo Ð

Los africanos olvidados en la cubierta del ‘Alakrana’

In Opiniones Humanas on noviembre 15, 2009 at 1:56 am

El alud de noticias que genera cada día la peripecia del atunero Alakrana se refiere exclusivamente a los pescadores españoles secuestrados. Dieciséis exactamente. Pero el Alakrana llevaba a bordo treinta y nueve tripulantes cuando fue asaltado por piratas somalíes el pasado 2 de octubre. ¿Quiénes son los veintitrés tripulantes que no aparecen en ningún sitio, como si no contaran ni siquiera como bultos de carga? Esos veintitrés tripulantes olvidados –y escondidos- son los africanos que los atuneros bermeanos embarcan para utilizarlos como vigías. Han de estar horas y horas (no seguidas, es imposible aguantar turnos de más de dos horas), con la vista pegada en unos prismáticos gigantescos, montados sobre unos trípodes fijos a la cubierta bajo el puente de gobierno, oteando el horizonte en busca de cualquier ave. Los atuneros persiguen los bancos de atunes mientras éstos  se desplazan en busca de alimento: sardina, jurel, boga, caballa, etc.

Cuando encuentran un banco de sardinas, pongamos por caso, los atunes se lanzan a por ellos con la voracidad de los grandes depredadores. De la matanza que causan se aprovechan las aves marinas que acuden a recoger las sobras del festín. Y son esos pájaros lo que han de detectar los tripulantes africanos utilizados como vigías o serviolas, ya que los pájaros marcan la situación del banco de atunes. Una labor dura, que quema la vista, de manera que los tripulantes españoles, vascos y gallegos sobre todo, no están dispuestos a realizar. Los africanos, por el contrario, aceptan ese trabajo a cambio de comida (en los atuneros se come francamente bien), y de una gratificación irrisoria que ni siquiera alcanza para llamarla salario, sin protección social ni demás cargas sociales. Clama al cielo que ahora la sociedad española se dé golpes en el pecho por los gallegos y los vascos, olvidando indiferente a más de la mitad de la tripulación. Africanos, ciudadanos de segunda, sus familias no cuentan, sus vidas tampoco. Y eso que somos –dicen- un Estado de derecho.

Un curioso Estado de derecho, dicho sea de paso, capaz de apresar a dos presuntos piratas, o cómplices de piratas, transportarlos hasta España en calidad de rehenes, exhibirlos como trofeos de guerra, montar un circo médico jurídico para determinar la edad de uno de los rehenes y empantanarse en unas disquisiciones de patio de colegio (yo no he sido, has sido tú…) cuando los piratas, como es lógico, exigen que los rehenes en España sean devueltos a Somalia para liberar el pesquero secuestrado con sus treinta y nueve tripulantes. Como somos un Estado de derecho, dice la ministra, no podemos negociar un canje de rehenes. Y sigue repitiendo esa falacia aún después de que José María Ruiz Soroa les haya explicado, con su maestría habitual, que el Convenio de las Naciones Unidas para el Derecho del Mar, ley aplicable a la piratería internacional, no obliga a España a juzgar a los piratas (presuntos), y puede hacer con ellos, procesalmente, lo que considere conveniente, extraditarlos, entregarlos a un tercer país o simplemente liberarlos. Nada, las ministras no se dan por enteradas y el presidente todavía no se ha puesto en el tema, ocupado como está desde que ha descubierto que en España sufrimos una crisis económica (y política, y social y etcétera) de dimensiones oceánicas.

Porque se trata de piratas, bien definidos en el artículo 101 del Convenio Internacional sobre el Derecho del Mar, y no de corsarios o de bucaneros. Es lástima que los columnistas y tertulianos gasten las palabras con tan poco sentido. Los corsarios actuaban como unidades guerrilleras contra los enemigos del monarca o gobernador que les habilitaba para hacer la guerra por su cuenta (carta de corso), con reparto de los beneficios. Bucaneros eran llamados exclusivamente los piratas (ladrones, salteadores de caminos marítimos) ubicados en las costas del Caribe y norte de Brasil. Los somalíes son simples piratas, simples ladrones, sin más. Ni actúan para defender la supuesta riqueza piscícola de las aguas somalíes, ni roban y secuestran para escarmentar a quienes pescan ilegalmente frente a sus costas. Esas majaderías quedan bien para mantener el buenismo progre de los que se niegan a ver la realidad tal como es, sin distorsiones ideológicas. El Alakrana pescaba legalmente en aguas del océano Índico y ha sufrido el asalto de unos ladrones armados que actúan en el mar.

Habrá que pagarles el rescate que se acuerde para liberar el barco y su tripulación. De la peliaguda negociación se encargan unos bufetes de abogados maritimistas que llevan años ejerciendo de mediadores. Cobran unos honorarios altísimos, a la altura de su delicada misión. Han de ofrecer confianza a los piratas y han de dar garantías a las empresas víctimas de que recuperarán sus bienes si pagan el rescate. Así consiguieron liberar al Playa de Bakio, ¿recuerdan? Deberían llevar bozal quienes ahora insinúan (otra vez la dichosa ministra) que los abogados contratados para mediar son cómplices de los piratas. Lo único que consiguen es encarecer el rescate, nublar la comprensión de la realidad y acrecentar la mala fama del Gobierno español en asuntos marítimos (desde lo del Prestige, hace ahora siete años, España se arrastra vergonzante por los foros marítimos internacionales). Por no hablar del político meapilas que tal vez para crear ambiente va diciendo en público que el Alakrana estaba faenando ilegalmente.

Que no cunda el pánico. Ahora vamos a enviar a unos chicos preparados en un cursillo urgente y armados con armas de verdad (del ejército) que impedirán un nuevo Playa de Bakio y un nuevo Alakrana. Cuando aparezcan los piratas por el horizonte, nuestros rambos con salario de ejecutivos bancarios los derrotarán en un plis plas. Coser y cantar. Puede que haya muertos, heridos, hundimiento de barcos, sangre abundante (y no de los atunes). El Gobierno se escudará en que así atendía la petición de los armadores bermeanos y en que la decisión se tomó por unanimidad. Y tan tranquilos. No pudieron hacer otra cosa, pobres. Mandar al ejército no podían y tampoco podían dejar a los barcos inermes. Así que tiraron por la calle de en medio: guardias jurados con armas de las fuerzas armadas. Una solución que no garantiza la adecuada protección de los barcos y que provocará de seguro una escalada de la violencia. Eso sí, la decisión fue tomada por unanimidad, que nadie tema por su cartera ministerial. ¿Y los bermeanos? Bien gracias, el Gobierno español ha respondido, pues, a nuestras demandas, hay que pescar como sea y donde sea, pesca sostenible o así.

Recuerden los lectores que en el Alakrana van embarcados treinta y nueve tripulantes, veintitrés de ellos africanos explotados y olvidados.

Por Juan Zamora Terrés en El Confidencial

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: