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Los últimos atunes de las almadrabas

In historias humanas on julio 6, 2009 at 11:17 pm

Anclas de 400 kilos, boyas naranjas, grandes flotadores amarillos conocidos como “perros” y toneladas de red se acumulan estos días en el puerto gaditano de Barbate. Ya se ha acabado la temporada de pesca y es la hora de la leva para las almadrabas, del desmantelamiento de esta gran trampa de redes fijas que se instala a pocos kilómetros de la costa para interceptar a los atunes que cruzan el Estrecho de Gibraltar.

OPP de Almadrabas

La captura media del atún rojo en las almadrabas es de 180 kilos, aunque algunos ejemplares superan fácilmente los 300 kilos.

El perfil de la costa africana que se contempla desde la playa se ve interrumpido por una hilera de botes almadraberos que se dirigen hacia el puerto. Traen consigo los últimos atunes capturados este año. No habrá más. En pocos minutos, el puerto se convierte en un ir y venir de pescaderos, camiones, y cómo no, atunes. “En total hemos sacado 47 ejemplares, unas cinco toneladas”, cuenta uno de los pescadores que limpia con la manguera la sangre de la cubierta del bote. Mientras algunos almadraberos atan por la cola los atunes de dos en dos para que la grúa pueda izarlos y subirlos al camión, dos inspectoras del Ministerio de Medio Ambiente apuntan en sus cuadernos el peso y la talla de cada ejemplar. Todo para asegurarse de que las capturas no superen las 1.211 toneladas que permite este año el Gobierno para todas las almadrabas gaditanas. La media de estos últimos ejemplares rondan los 110 kilos. “No son muy grandes, sobre todo si los comparamos con los atunes de más de 300 kilos que se capturan al comienzo de la temporada”, contaba otro pescador.

Lo cierto es que 2009 ha sido un año excepcional para las almadrabas. Hacía años que esta técnica de pesca artesanal no recibía la visita de tantísimos atunes. Y esto lo saben muy bien los pescadores de Barbate, que ‘lloraban’ sólo de pensar en la gran cantidad de estos túnidos que han tenido que liberar de las redes. “No te digo lo que hemos soltado porque me pongo malo“, se lamentaba uno de ellos. Tras la última captura de hace unos días, se soltaron unos 1.500 atunes. Miguel, uno de los pescadores que ayuda con la grúa a levantar las pesadas redes que se reutilizarán el próximo año, asegura resignado que “esta temporada ha sido muy buena por la gran cantidad de atún que ha entrado en la ‘trampa’, pero las cuotas de pesca no nos han dejado capturar ni un sólo ejemplar más”. Este almadrabero de 57 años comenzó a trabajar en esta técnica de pesca tradicional, heredada de los fenicios, hace 26 años, en cuanto terminó el servicio militar. “Entonces las capturas eran mucho mayores porque había más atunes en el mar”, asegura. Junto a Miguel se encuentra Felipe, otro almadrabero de no más de 30 años que cuenta con una experiencia en las almadrabas de siete. “Desde el año pasado tenemos grúas en los botes que nos ayudan a levantar los atunes. Antes todo se hacía a mano, se recogían ejemplares de hasta 450 kilos con la fuerza bruta de los pescadores”, recuerda Felipe.

El atún rojo (Thunnus thynnus) se encuentra desde hace años en una situación muy delicada. Esta especie, que es capaz de comer más de 50 kilos de pescado al día en su época de reproducción, está gravemente amenazada por la sobreexplotación pesquera, sobre todo por las nuevas técnicas de pesca industrial que han modernizado sus flotas aumentando así el esfuerzo pesquero. Y es precisamente esta delicada situación del atún la que ha llevado a la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT) a imponer cuotas a nivel internacional que controlen la pesca de este túnido. Unas limitaciones que no han sentado muy bien a las partes implicadas.

La vida en torno al atún rojo

El pueblo pesquero de Barbate no es el único que vive del atún rojo. Otras tres localidades costeras de Cádiz tienen almadrabas activas que juntas dan empleo a cerca de 400 personas de forma directa. Se trata de Zahara de los Atunes, Tarifa y Conil, y cada una de ellas cuenta con una flota de al menos 20 botes. Aunque las almadrabas sólo dan trabajo temporal durante unos seis meses, gran parte de los negocios de estos pueblos viven de forma indirecta de este recurso natural durante todo el año.

Como cuenta Diego Crespo, presidente de la Organización de Productores Pesqueros de Almadraba OPP-51, al menos “800 familias se benefician del atún rojo: desde empresas de hielo que recogen el atún recién sacado del mar, transportistas, conserveras, pescaderías, talleres…”. Un ejemplo es el varadero de Zahara, situado junto a la antigua lonja de pescado. Los botes almadraberos se guardan junto al río Barbate para repararlos durante el invierno. Bernardo, el dueño del varadero, nos enseña cómo dos de sus empleados trabajan quitando la madera podrida de un bote y pintándolo de nuevo. “Todo hay que dejarlo listo para la próxima temporada de pesca”, asegura.

Crespo es consciente del gran peligro que sufre el atún rojo y ve bien la decisión del Gobierno de imponer cuotas que frenen la sobreexplotación de la especie. Y es que si la población de atunes sigue disminuyendo, se perderán con ello muchas de las formas de vida que dependen de estos túnidos. “No queremos cargarnos nuestro pan, porque si el atún desaparece de Barbate, muchos negocios que giran en torno a esta especie tendrían que cerrar”. Y eso mismo es lo que ya ha ocurrido en otros pueblos donde las almadrabas han recogido definitivamente sus redes. El presidente de la OPP-51 comenzó a trabajar como almadrabero en 1985, y desde entonces ha visto morir esta técnica de pesca tradicional en Bolonia (Tarifa), Estepona, Ceuta y en la Atunara (Línea de la Concepción). “El problema de las almadrabas es que los costes de material, mantenimiento y personal son muy altos, y a veces no compensa seguir si las capturas son escasas”, asegura Crespo, cuyo bisabuelo ya se dedicaba a esta técnica de pesca. “Lo cierto es que las almadrabas entraron en decadencia en los años 60 cuando surgieron nuevas formas de pesca que podían salir al mar y buscar el atún”, añade.

Entramos en el mercado de Abastos de Barbate. Francisco nos atiende tras el mostrador de la ‘Pescadería Javi’. Como muchos de los pescaderos que venden atún en el pueblo, este gaditano también es almadrabero y combina su trabajo en el mar con el negocio familiar en el que trabaja también su hermana. “En la actualidad podemos capturar en el mar unas 400 toneladas en un sólo día, mientras que antes podíamos llevar al puerto hasta 2.000 toneladas de atunes”, asegura este pescador que lleva su alias, ‘el Pastero’, escrito en unas botas amarillas. Y es que antes de que se impusieran las cuotas del Gobierno, “los atunes se pescaban olímpicamente, sin limitaciones, todo dependía de la naturaleza, y la media histórica en 20 años se mantenía en unas 1.600 toneladas”. Ahora la situación es muy diferente. En las últimas dos décadas los científicos han visto como la población adulta de estos túnidos se ha visto mermada en un 80%.

Todas las pescaderías del mercado lucen la carne roja del atún fresco en sus escaparates. No podía faltar esta delicia de Barbate, al igual que no falta en todos los menús de los restaurantes del pueblo. El atún se vende en el mercado a 19 euros el kilo si queremos lomos, y 30 euros si se trata de ventresca. “A nosotros cada atún nos puede costar entre 3.000 y 4.000 euros”, revela Francisco, mientras nos enseña las huevas del atún que vende por 13 euros el kilo. Esta carne roja es aún más cotizada en países como Japón, donde un ejemplar de unos 200 kilos puede costar en la lonja de Tokio 27.000 euros. Y es precisamente a este país asiático donde antes iba a parar el 90% de las capturas de atún de las almadrabas, porcentaje que hoy se ha visto reducido hasta el 70-80%. El resto, un 20-30%, va a parar al mercado nacional y europeo. La caída de la demanda del mercado nipón ha sido un duro golpe para el negocio de los almadraberos, que han visto como el precio del kilo de esta carne roja ha bajado más de un 30% en poco tiempo.

El reparto del “pastel de atún”

En el puerto, en el mercado e incluso en los bares se respira un ambiente cargado de resignación entre los almadraberos. Los pescadores no quieren ni oír hablar de la gran cantidad de atunes que han tenido que dejar escapar. Entienden la necesidad de proteger su recurso natural más preciado, pero no pueden evitar llevarse las manos a la cabeza cada vez que lo piensan. Lo cierto es que estos pescadores, como el resto de España, no pueden sacar del mar lo que les venga en gana, sino que están limitados por un TAC (total admisible de capturas) que impone el Gobierno. Ante el reparto, todos esperan expectantes conocer la cantidad de toneladas que podrá capturar su pesquería. Y también cuál será la de los demás. El resultado no siempre gusta a todos, y pronto surgen quejas y redecillas entre pescadores. Todos quieren más.

En concreto, de las 22.000 toneladas pactadas este año por el ICCAT, la Unión Europea ha recibido cerca de 12.300 toneladas de cuota, cantidad que tiene que repartir entre sus estados miembros. El 90% de esta cifra va a parar a España, Francia, Italia, Grecia, Malta y Portugal, siendo nuestro país el que mayor porción del pastel recibe. Este año esa parte se traduce en 4.116,54 toneladas, que a su vez se dividen entre las diferentes pesquerías de todo el país. Por ejemplo, los seis barcos de cerco de Mediterráneo —técnica de pesca que utiliza redes de cerco para llevar los atunes hacia la costa— se han quedado con 1.167 toneladas y las almadrabas con 1.088 toneladas (inicialmente). Este reparto se convierte de forma habitual en un punto de discordia entre los propios pescadores españoles. Todos barren para casa y consideran esta distribución de cuotas muy injusta.

Desde el Ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino nos explican por teléfono que “este reparto se hace de la forma más justa, equilibrada y proporcional posible” y afirman que “con el Plan de Recuperación del Atún Rojo en marcha (ver pdf), las cuotas de pesca se están reduciendo un 10% cada año; pero además este año la reducción es mayor, ya que todas las partes contratantes del ICCAT alcanzaron un consenso de forma voluntaria para bajar las cuotas un 20% para 2009″. Si bien el Ministerio ha recibido varias quejas por parte de los pescadores, desde el Gobierno aseguran que “hay que respetar el plan para recuperar a esta especie tan delicada; y eso supone sacrificios para todos“.

La ‘guerra’ por el atún rojo

La progresiva reducción de la cuota pesquera y su reparto ha tensado aún más las relaciones entre las diferentes pesquerías del país, sobre todo entre las almadrabas y la pesca industrial del Mediterráneo. La discordia surgió de nuevo cuando los andaluces solicitaron al Gobierno ampliar la cuota echando mano del Fondo de Maniobra de 180 toneladas adicionales que el Ministerio obtuvo a través de un intercambio de cuota con Portugal. De esta cantidad, 123 toneladas se entregaron a las almadrabas. Para estas últimas capturas, los almadraberos han retenido entre sus redes varias toneladas de atunes durante las últimas semanas, lo que no ha sentado nada bien a los pesqueros que aguardan la subida de esos atunes hacia aguas del Mediterráneo. “Aún no los hemos soltado. Si no hay para nosotros tampoco hay para ellos“, decía uno de los pescadores del mercado de Barbate. La empresa catalana Balfegó, que gestiona dos de las seis flotas españolas de cerco del Mediterráneo, acusaba a los pescadores andaluces de “retener ilegalmente a las puertas del Mediterráneo miles de atunes rojos, unas 300 toneladas, impidiendo su reproducción”. Para Crespo estás acusaciones no tienen sentido: “No hacemos nada ilegal, tenemos derecho a capturar nuestras cuotas”.

Si bien las redes de las almadrabas interceptan los atunes cargados de huevas que van a desovar al Mediterráneo, Raúl García, responsable de la campaña de pesca de Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), asegura que la sobreexplotación de esta especie no proviene precisamente de esta técnica artesanal, sino de otros modos de pesca menos selectivos. El investigador José Luis Cort, del Instituto Español de Oceanografía, también tiene su opinión: “la almadraba —que supone una importante fuente de información para el estudio de los científicos— siempre ha capturado en época de reproducción durante miles de años y el atún nunca se ha extinguido; por naturaleza, este túnido tiene ciclos independientes de la actividad humana, aunque su población se ha ido resintiendo en los últimos 30 años con motivo del aumento del esfuerzo de pesca”.

A diferencia de los pesqueros que pueden salir a alta mar para perseguir al atún, la naturaleza fija de las almadrabas hace que sus capturas dependan de condiciones ambientales, como las corrientes, los vientos, las fases lunares e incluso la transparencia del agua, para que los atunes puedan caer en la “trampa”. De ahí que las capturas de un año para otro puedan ser muy variables. “En 2008 no pudimos cubrir 300 toneladas de cuota porque no había atunes“, lamenta el presidente de la OPP-51, quien solicita a la Administración la existencia de un “sistema de cuotas plurianual que tuviera en cuenta los remanentes y déficits de cada temporada”. Además, añade este almadrabero, “los ejemplares que capturamos son los abuelos de los atunes, están ya menopáusicos y se trata de grandes túnidos que ya han desovado durante al menos 14 años; creemos en la sostenibilidad de esta técnica de pesca selectiva que sólo captura una pequeñísima parte de los atunes que pasan por el Estrecho”.

La urgente necesidad de salvar al atún rojo de su extinción obligará a todas las pesquerías del país a apretarse aún más el cinturón en los próximos años. Las cuotas serán cada vez más ajustadas. Y la ‘guerra del atún rojo’ entre almadraberos del Estrecho y pescadores del Mediterráneo seguirá dando que hablar.

Por Almudena Martín en Soitu.es

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