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El negocio de los Vicho

In historias humanas on mayo 10, 2009 at 2:43 am

Es el apellido de una familia extremeña dedicada a enviar mensajes SMS con los que participan en sorteos a través del móvil. Han ganado cinco Porches Cayenne, un BMW y 500.000 euros en metálico en sólo un año. «Crónica» los descubre y nos cuentan que sólo tienen un secreto: gastarse hasta 25.000 euros al mes en teléfono

Manuel Vicgo y Dolores. Foto: David Vigario.Dolores Calderón, vecina de Valencia de Alcántara (Cáceres), recibe en su móvil la llamada que le anuncia que acaba de ganar los 50.000 euros que la empresa de telefonía Vodafone sortea entre las personas que han enviado un SMS con la palabra FORRADO al número 1111.

-Hola, ¿qué tal?, -la saluda el presentador en directo.

-Hola, buenas noches -devuelve el saludo, muy tranquila, la afortunada.

-¿Cómo te llamas?

-Dolores.

-¿Sabes qué acabas de ganar 50.000 euros, Dolores?

-No, no lo sabía -disimula ella.

-Pues ya lo sabes, te lo digo yo, que has ganado 50.000 euros por participar en la promoción de Vodafone. ¿Y en qué lo vas a gastar?

-En ayudar a mis hijos -repite con el guión aprendido.

La ganadora es un ama de casa que piensa repartir el botín entre sus hijos. Para el público que presencia el desenlace del concurso por televisión no hay nada extraño en la entrega del premio. Quizás Dolores ha estado un poco fría para la felicidad que se le presupone al momento. Los nervios de salir en la tele, serán.

La percepción cambia si se sabe que justo el día anterior -el 25 de enero pasado- el ganador de la misma promoción fue Francisco Vicho Calderón. ¿Les suena el segundo apellido? Efectivamente, se trata de uno de los vástagos de la agraciada Dolores. Uno de esos hijos tan necesitados de ayuda económica a los que el ama de casa pensaba entregar su dinero. Sólo una semana después -3 de febrero-, el mismo concurso, la misma cantidad en juego, caería en manos de José Manuel Vicho Calderón, obviamente también hijo de Dolores. José Manuel, un tipo con suerte, sólo 12 días después sería premiado con otros 50.000 euros. En total, en menos de un mes, la familia Vicho Calderón se había embolsado 200.000 euros de la promoción de Vodafone.

-¿Sabes ya para qué te llamo, José Manuel?, ¿lo sabes? -dice el presentador.

A José Manuel se le escapa la risa.

-Sí, sí… que he ganado.

Los Vicho Calderón son muy discretos ante las preguntas de los locutores que les anuncian su buena estrella. Dan su nombre, un genérico de la zona de donde provienen -Cáceres o Toledo- y sueltan un «para ayudar a mis hijos» o «tapar unos agujeros» cuando se les pregunta qué sueño van a financiar con el dinero. Así lo vienen haciendo el padre (Manuel Vicho Bonito), la madre (Dolores Calderón), los hijos varones (José Manuel y Francisco Vicho Calderón) y hasta la nuera (María del Mar).

En el último año, los Vicho, se han embolsado al menos 850.000 euros gracias a concursos basados en el envío de SMS. Cinco vehículos Porsche Cayenne de los 100 que repartió Movistar el año pasado fueron para ellos: «Envíe la palabra PORSCHE al 1010». Y un BMW Serie 1 de concurso de la operadora Orange. Más 300.000 euros por ganar seis veces, en sólo un mes, entre marzo y abril de este año, otra competición organizada por Movistar: «Envíe la palabra MILLÓN al 1010». En Movistar dicen que antes se llevaron también un Mini y otro cheque de 45.000 euros. Y los citados 200.000 euros gentileza de Vodafone. Sólo en lo que va de 2009, han ganado al menos 10 veces ingresando en sus cuentas 500.000 euros. Siempre se trata de concursos con las mismas características, basados en el envío de SMS y resueltos por sorteo ante notario.

¿Son los Vicho la familia más afortunada de España? ¿Están tocados por una varita mágica? ¿Habrá trampa tras su sorprendente habilidad para ganar premios? ¿Usan algún sistema para enviar masivamente mensajes de móvil y así tener más posibilidades? ¿Ocultan algo los Vicho?

Con estas preguntas en el tintero, acude Crónica en busca de la familia, residente en Valencia de Alcántara (Cáceres). Hace unos meses que internet ha comenzado a hacerse eco de su extraordinaria baraka. Vicho es un apellido que no pasa precisamente desapercibido y la gente se ha dado cuenta de su excesiva repetición en los listados de ganadores de concursos.

Algunos participantes han dejado impresa su protesta en la web quejasydenuncias.com. Se insinúa incluso que quizás los Vicho no existen, que los organizadores se los han inventado para no tener que repartir los premios. «No me imagino cómo hay personas que todavía se creen estos concursos», escribe un internauta. «No es aleatorio ni ante notario. Se da a dedo», especula otro.

A la casa donde se supone que vive el matrimonio formado por Manuel Vicho Bonito y Dolores Calderón, de reciente construcción, aún le faltan algunos remates. Está ubicada a las afueras de la localidad, en una urbanización cuyo nombre, dado el motivo de la visita, despierta la sonrisa incrédula. Ya es casualidad que en la dirección del concursante con más potra en la historia de los sorteos telefónicos figure el nombre del paraíso mundial del juego: Las Vegas. Para más guasa, el perro que ladra dentro no sólo es idéntico a Pancho -el protagonista del anuncio de la Bonoloto, el que se fuga al Caribe con el boleto premiado de su dueño- sino que los Vicho le han puesto el mismo nombre: Pancho. Su vida parece un parque temático en torno al juego.

El matrimonio no está en casa. Se encuentran, indica un vecino, en la finca que poseen en el mismo término municipal. A las puertas de la citada propiedad por fin aparece el protagonista. Manuel Vicho Bonito existe. Se trata de un hombre de 60 años y de apariencia humilde, que luce canas y un mono pringado por la faena. El patriarca de los Vicho se muestra dispuesto a revelar a Crónica la fórmula familiar para congraciarse con los hados.

Resulta que Manuel era un constructor de éxito hasta que, hace un par de años, las primeras dentelladas de la crisis del ladrillo derrumbaron su imperio y abandonó Madrid, donde había emigrado y crecido como empresario, para volver con la cabeza gacha a su localidad natal.

«Algo tenía que hacer, tenía que seguir buscándome la vida, no me iba a dedicar al contrabando de café de Portugal a Cáceres como cuando era un niño», cuenta ya sentado en el salón de la casa junto a su mujer. «Porque yo nunca me he quedado de brazos cruzados y, como siempre he sido autónomo, tampoco tenía derecho a paro y, además, me faltan oficialmente cinco años para la jubilación, por lo que me quedé sin ingresos cuando me vine al pueblo, y yo no he nacido para robar, eso lo tengo claro», continúa relatando atropelladamente la precariedad en la que se vio sumido.

Hasta que una noche, sentado junto a su mujer, como todas las veladas, se le encendió la bombilla. «Se me ocurrió que para ir tirando en esta crisis podían ser una buena solución los concursos de televisión que aparecen ahora por todas partes. Y así empezamos. Aunque yo no quería dedicarme a esto pero me veo obligado a hacerlo porque no hay trabajo», dice.

Asegura Manuel Vicho que no hay trampa ni cartón. No hay maquinita ni artilugio que dispare cientos de mensajes a la vez en nombre de Los Vicho. Tan sólo una estrategia, muy bien planificada, a la que se unió el resto de la familia -la mujer, Dolores, y los dos hijos mayores, Francisco y José Manuel-, una buena colección de teléfonos móviles -sólo el matrimonio asegura que posee ocho- y unos pulgares adiestrados para teclear a la velocidad del rayo.

Y así pasan la noche y gran parte del día los Vicho. Mandando mensajes. Muchos mensajes. El matrimonio desde Valencia de Alcántara y los hijos y nuera desde Toledo y Ciudad Real, donde viven. «Se puede decir que yo ahora me dedico a esto, que es mi profesión. Y, además, ya durante todo el día porque al principio era sólo en el tiempo después de la cena, pero ahora prácticamente tengo un móvil cerca las 24 horas al día para llamar continuamente, sin parar. Eso sí, sin caer en la obsesión. Lo hago por necesidad, no por estar enganchado», aclara por si alguien ha pensado que podía haber rendido en la ludopatía.

-Manuel, ¿y cuánto habéis ganado?

-Tampoco es para tanto, -esquiva la incómoda pregunta. Se hace dinero, pero no es para exagerar. Aunque está claro que es rentable y por eso seguimos jugando.

La suerte, con todo, tiene un precio: las abultadísimas facturas de teléfono que llegan a su casa. Los mensajes para participar en este tipo de concursos, denominados Premium, pueden costar hasta 1,39 euros. Algunos meses, asegura Manuel, ha tenido que hacer frente al pago de 25.000 euros. La cantidad equivale al envío de 17.985 SMS Premium al mes, 600 cada día, 50 cada hora… ¿Seguro que no hay truco?

OTROS PROFESIONALES

Tanto Telefónica como Vodafone -promotoras de los concursos- se han negado a revelar cuántos mensajes pudieron enviar los Vicho para vencer al azar. Ni los suyos ni los de otros jugadores profesionales, como Guo Guo Shaofen, un vecino de Ceuta, quien consiguió tres premios de 50.000 euros en menos de un mes enviando y reenviando la palabra FORRADO. O María Luisa García Gutiérrez, de Oviedo, otra asidua a las listas de premiados, participante de la mismo concurso y ganadora el 7 y el 8 de febrero: 100.000 euros en dos días.

«Son jugadores profesionales que se estudian las bases el primer día y, aunque participan legalmente (mandan sus mensajes y los pagan), afinan la forma de hacerlo. La clave está en el volumen de mensajes que mandan», dicen de ellos en Movistar.

«Mientras más envíes más posibilidades tienes, así que nosotros lo intentamos mucho y estamos teniendo suerte. Nada más. No hay ningún secreto ni nada oculto», insiste Manuel.

Cierto es que los concursos premian a quienes más mensajes envían. En el mencionado FORRADO, por ejemplo, cada SMS equivale a 10 papeletas. [Los Vicho, con casi 18.000 mensajes mensuales tendrían, por lo tanto, 180.000 boletos]. El juego comienza el lunes. Si un concursante consigue ese día 20 papeletas, participa con esas 20. Si el martes, consigue 30, participa con esas 30 más las 20 del día anterior: 50 en total. Si el miércoles no envía ningún mensaje no entra en el sorteo. Si el jueves vuelve a enviar un sólo mensaje consigue 10 boletos más y participa con 60, es decir, acumula los 50 de lunes y el martes. El domingo, el concursante que más boletos tenga se lleva un premio seguro: 50.000 euros. Un verdadero acicate para los más participativos. Y ahí no hay quien gane a la familia Vicho.

Según las bases de los concursos, es legal que un ciudadano se lleve varios premios, insisten las compañías. Pero también saben que es feo. Telefónica, por ejemplo, eliminó de internet los resultados de su concurso «Un Porsche al Día». Los ganadores de la promoción actual se publican sólo con el nombre de pila y la capital de la provincia donde vive el ganador. Así, a primera vista, nadie se sorprende si encuentra dos Franciscos de Toledo.

Este tipo de concursos por SMS suponen para las operadoras un verdadero filón. En el 2007, según los datos de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones, las compañías telefónicas ingresaron 493,67 millones en concepto de mensajes Premium. En los primeros nueve meses de 2008, la cifra ascendía 385,11 millones de euros. En ese periodo los españoles enviaron 1.800 millones de SMS Premium. [No sólo se utilizan para participar en concursos, sino para descargar todo tipo de contenidos, desde melodías hasta alertas de noticias y juegos].

Los Vicho también invierten fuerte en las quinielas pero con bastante peor resultado que en las apuestas vía móvil: «Algo también ha caído, pero sin comparación con lo de los teléfonos», dice el ex constructor y artífice de la sorprendente nueva profesión familiar.

Manuel Vicho siempre ha poseído la habilidad de sortear el infortunio. Sin estudios y con la única experiencia de ordeñar vacas y pasear cabras hasta los 13 años, tuvo suficiente olfato para montar una empresa de construcción en Madrid cuando el ladrillo empezaba a cotizar alto. En sus mejores años, llegó a tener una plantilla de 60 obreros y tenía obras en marcha en todo el país, buena parte de Europa y hasta en Argelia. En el esplendor, su empresa figuró como la segunda que más cubiertas facturaba en todo Madrid.

Manolo tenía entonces secretaria, contable, encargado y oficinas propias. «Ganamos mucho dinero, hasta que en una construcción de naves, a finales de los 70, me dejaron a deber 20 millones de los de entonces, cuando un buen piso, en Madrid, por ejemplo, valía un millón. Tuve que comenzar de cero», confiesa este hombre de espíritu arriesgado y mente clarividente. Hace ahora dos años intuyó que el ladrillo iba a dejar de ser por tiempo la gallina de los huevos de oro y decidió retirarse a tiempo. «Tuve la fortuna de todavía poder vender varios pisos para regresar a mi pueblo, que es lo que siempre me ha gustado, estar en el campo, tener mi huerto, plantar árboles y si puedo volver a tener otra vez cabras que den leche».

La constructora quedó así en manos de dos de sus cinco hijos -los dos que comparten su fiebre por los móviles y los concursos-, quienes ahora tratan de sacarla adelante: «Tenemos los terrenos, tenemos los pisos y la gente quiere comprar, pero los bancos no dan un crédito y así es imposible, todo se está hundiendo», clama Manolo. De no ser por el dinero de los concursos probablemente ya hubieran tenido que echar el cierre.

Los Vicho se muestran escurridizos a la hora de confesar en qué programas o juegos participan en concreto. «Lo hacemos prácticamente en todos, sin distinción, donde vemos más posibilidades», dice Manolo. La selección parece realizarse con las bases de participación sobre la mesa, que son estudiadas meticulosamente. Se valora la cuantía del premio final y se calcula cuánto habría que invertir para lograrlo. Si las cábalas les cuadran inician el envío desaforado de mensajes.

El año pasado se forraron con los coches -cada uno de los cinco Porsche Cayenne que ganaron no vale menos de 60.000 euros-, pero ahora están más centrados en el dinero contante y sonante. Mucho más práctico. «No queremos los coches que tocan ni nada material de lo que dan en los sorteos. Si nos toca lo vendemos rápidamente, aunque perdamos un poco. Lo que interesa es el dinero en sí».

Luego viene rendir cuentas con el erario público. «No le temo a Hacienda, que claro que me hace pagar lo suyo. La última vez, unos 24.000 euros por los beneficios obtenidos», detalla Manolo los impuestos que paga su negocio. «Peor sería, sin duda, que no tuviera que darles nada».

Cae la noche en Valencia de Alcántara -el pueblo también de Soraya, la representante española en Eurovisión- y Pancho ladra con especial nerviosismo en los alrededores de la finca. Quizás esté avisando a sus dueños de que es hora de echar a la prensa y calentar los dedos antes de entregarse a su monotemático trabajo, ahora centrado en el concurso de Movistar: Crear mensaje, M-I-L-L-O-N, aceptar, 1010, enviar. Crear mensaje, M-I-L-L-ON, aceptar…

El concurso acabará el próximo 14 de junio con un gran bote de un millón de euros en el que, como siempre, tendrán ventaja los más testarudos. No se extrañen si en la entrega del premio se reproduce este diálogo:

-Hola, ¿qué tal?

-Hola, buenas noches.

-¿Cómo te llamas?

-Dolores.

-¿Sabes qué acabas de ganar un millón de euros, Dolores?

-No, no lo sabía.

-Pues ya lo sabes, te lo digo yo, que has ganado un millón de euros. ¿Qué vas a hacer con el dinero, Dolores?

-Ayudar a mis hijos.

Por David Vigario y Josefa Paredes en El Mundo

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