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El guerrero que nunca pasa palabra

In historias humanas on mayo 3, 2009 at 3:02 am

pasapalabraLa respuesta era Lyon. Conocer el nombre de la tercera ciudad más importante de Francia le valió el miércoles a José Manuel Lúcia Ferreira, paracaidista de 44 años, un premio de 396.000 euros, el mayor bote del concurso televisivo Pasapalabra desde que se emite en Tele5.

José Manuel Lúcia sabe que comete una falta de ortografía, pero escribe su apellido con tilde en la u porque le molesta que le llamen «Lucía» desde que iba al colegio en Cangas de Narcea. Un niño de notables y sobresalientes que «no estudiaba mucho, pero atendía y estaba a lo que hay que estar». Después, en el instituto, recuerda un solo suspenso. Fue en Historia. Ya entonces tenía claro que iba a ser militar. «Había que hacer la mili y pensé: si me gusta me quedo. Quería aventura. Conocer sitios. Viajar».

Nunca viajó a Lyon pero acertó la respuesta. No era difícil. Muchos la hubieran sabido aunque eso no es suficiente. «Lo principal es mantener la concentración y la calma», dice el ganador. La ciencia que ha exhibido durante 37 programas sale, dice, de los libros que ha leído desde que era un crío. La suerte quizá venga de Lucky, como le apodan sus amigos de Alcalá de Henares, donde vive desde hace 17 años. El temple lo forjó en la guerra.

«Ver morir a alguien es muy duro. Y yo he visto morir a bastante gente». La primera vez en Bosnia, en 1993, cuando no había cumplido 30 años. «Aquella guerra fue la más impresionante para mí. Me vi ante una situación inimaginable. Ver morir a una persona sin poder hacer nada te hace sentir muy impotente. A veces también puedes ayudar a alguien, como a un hombre que encontramos destripado y logró salvar la vida. Eso te cambia».

«¿Cuántas medallas ha ganado José María Aznar como paracaidista?» La pregunta, una de la fase previa del último programa, pilló a José Manuel tan sorprendido que Eva Sánchez, su trigésimo séptima contrincante, le ganó por la mano y apretó el pulsador. «Ninguna». Él también lo sabía. En 2004 estuvo en Irak, con la última agrupación de soldados españoles destacada en Diwaniya. José María Aznar nunca ha ganado una medalla como paracaidista. Ésa era una de las fáciles. «De las que dan rabia».

Al volver de Irak, Lúcia fue destinado a Kosovo. Y en 2006, marchó a Afganistán con la Fuerza de Intervención Rápida para participar en la Operación Tortuga. Objetivo: frenar el avance de los talibanes al oeste del país. El 9 de julio, mientras patrullaban cerca de Farah, una mina estalló bajo uno de los blindados. Jorge Arnaldo Hernández Seminario, peruano de 26 años y compañero de Lúcia en la Brigada Paracaidista de Alcalá de Henares, resultó muerto. Cuatro soldados más, todos colegas de la Bripac, salieron heridos.

Después del resplandor de la metralla, unos focos no parecen motivo suficiente para alterarle. A quien se ha tirado cientos de veces de un avión, un cronómetro y unas preguntas no deberían encogerle el estómago. «Pero yo soy nervioso. Parezco tranquilo pero en la tele no lo estaba», asegura. Tener miedo es otra cosa. «Alguien que nunca tiene miedo no es un valiente. Alguien que nunca tiene miedo es tonto».

SE LE ATRAGANTÓ CAGE

Durante las cinco últimas semanas, el aguerrido concursante tuvo miedo de Catalina, una rival muy tranquila de Mallorca, y de Ana, la cardióloga de Madrid que casi le derrota. Otra mujer, su novia, fue quien le animó a saltar y presentarse al concurso. De las pruebas no recuerda nada, excepto lo que falló. Aficionado a la historia, la naturaleza y el ajedrez, sus puntos flacos son los deportes y el cine. Y el nombre del actor Nicolas Cage se le atragantó. «Me gusta ver películas, pero no me quedo con los nombres».

También le gusta la música, sobre todo la psicodelia y rock progresivo de King Crimson, Pink Floyd y Caravan. Pero Mendelssohn, en uno de los programas, le hizo frenar. Perdió un rosco por confundir al canciller alemán Helmut Schmidt con el posterior Gerhard Schröder. Y otro por responder «unánime» en lugar de «unanimidad». Más de una vez se quedó a sólo un par de respuestas. Pero ninguno de sus 37 oponentes consiguió vencerle.

Amaestrar. Brillo. Collar. Difamar. Enseres. Funcionario. Groucho. Hemorragia. El miércoles, a las 20.55 horas, 5.337.000 espectadores (el 42,3% de la audiencia) vieron la cabeza de José Manuel encerrada en un redondo y luminoso alfabeto. Él, muy serio, desgranaba respuestas. Sólo una vez vaciló, pero no falló: «Insistir». Después continuó, como quien va de paseo: Jurista. Ligar. Matrona. Nuca. Patraña. Otomano. Podólogo. Marquesina. Regimiento. Christian Gálvez, el presentador, dejó escapar la risa. Soleado. Tibio. Úbeda. Vomitar. Uxoricida.

No es común que un español hable árabe, francés y algo de ruso. Tampoco que sepa que, en castellano, un hombre que mata a su mujer es un uxoricida. «Lo leí en un libro una vez. Tendría 14 ó 15 años, mira si ha pasado tiempo. Como no sabía lo que significaba fui al diccionario. Años después, la palabra me apareció en un crucigrama. Y no hace mucho la volví a encontrar en un periódico». Todos los días, Lúcia lee al menos dos diarios.

Pregunta número 24. Ciudad de Francia en la confluencia del Ródano y el Saona. «Nada más oírla me salió Lyon pero pensé: Frena. Es un dineral. Hay tiempo. Vamos a calmarnos un poquito y que esta chica juegue». Tenía ya 43.200 euros acumulados en cinco semanas.

—Pasapalabra.

La chica hizo lo que pudo. Pero cuando le volvió a tocar el turno, el lacónico asturiano sólo tuvo que decir dos palabras, «zíngara» y «Lyon», para batir varios récords. Es el concursante que más programas ha permanecido en antena. También quien más respuestas ha acertado de un tirón. Pero no el que más dinero se ha llevado en la historia del concurso. Eduardo Benito Sayago, de profesión charcutero, se embolsó 2.190.000 euros en 2006, cuando el programa aún se emitía en Antena 3, presentado por Jaime Cantizano. El mayor premio de la historia de la televisión en España.

Con el dinero, Lucky viajará a Rusia. Después pondrá El Quijote, los Soliloquios de Marco Aurelio y los Siete Libros de la Sabiduría de Séneca en las estanterías de la casa que construirá en Guadalajara. Junto a ellos, Un puente sobre el Drina, del Nobel bosnio Ivo Andric, una novela sobre el origen de la guerra en los Balcanes. Y un diccionario: «Ésa —lo sabe bien— es la puerta que abre todo lo demás».

Por Josefa Paredes en El Mundo

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