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Cómo evitar que los niños de Gaza se conviertan en bombas de relojería

In historias humanas on febrero 4, 2009 at 11:47 pm

“Mamá, de mayor quiero ser mártir”. Esto mismo ha escuchado Óscar Butragueño, coordinador internacional de UNICEF en los territorios palestinos, en más de una ocasión. No es la primera historia terrible que nos llega sobre aquellos niños cuya casa es uno de los 4.000 hogares que han quedado completamente destruidos (amén de otros 17.000 gravemente dañados), o que alguno de sus familiares ha pasado a engrosar la espeluznante cifra de más de 1.300 muertos por el ‘plomo fundido’ israelí. Cuando algunos aún no han podido olvidar el último ataque en 2006, no entienden por qué la historia se repite, ni mucho menos por qué en clase, en vez de aprender nuevos juegos y canciones, aprenden a identificar minas antipersona y bombas racimo. En una región con unas características demográficas muy particulares, los menores de edad representan más del 70% de la población (unos 800.000). El miedo terrible ha dejado secuelas psicológicas gravísimas en gran número de ellos y, lo que es peor, muchos comparten con sus mayores un irrefrenable deseo de venganza.

El Programa de salud mental de Gaza lleva años advirtiendo de las consecuencias de la violencia extrema en la infancia y juventud de la franja. En un estudio (pdf), dan cuenta de algunas de las secuelas de los conflictos bélicos como el estrés postraumático, agorafobia y la depresión, y otras igual o más preocupantes como la irritabilidad y la tendencia a mostrar comportamientos violentos. En definitiva, unos traumas que si no son atendidos, convierten a los menores en carne de cañón de grupos extremistas y armados. ¿Qué hacer ante estos casos?

En Gaza, donde un 91% de la población depende de la ayuda humanitaria, la estrategia de los actores que la coordinan es fundamental. Después de 18 meses de aislamiento, se reducen a dos: las organizaciones internacionales que giran en torno a las Naciones Unidas y Hamás, la facción que gobierna en Gaza. Cuando hablamos de la atención a los más pequeños, el principal agente humanitario es UNICEF, que junto a Save the Children, lidera las estrategias relativas a la infancia. Óscar Butragueño, coordinador de la organización en la zona asegura que los análisis para determinar las necesidades de los niños en las escuelas y el sistema educativo, y para asegurar que los niños de Gaza regresan a clase con normalidad, ya ha comenzado. Uno de los objetivos es lograr que los niños “recuperen su infancia”, más allá del rencor, y evitar que en el futuro se conviertan en mártires de la causa palestina y pasen a formar parte de los grupos armados, como las milicias de Hamás.

El único problema es que, mientras Hamás controla las instituciones y cuenta con un gran número de adeptos, las personas que trabajan para UNICEF en Gaza son exactamente diez. Butragueño admite que el grupo es reducido, pero recuerda que “la iniciativa implica al resto de agencias de Naciones Unidas —como UNRWA—, a ONGs nacionales e internacionales, donantes y otros actores que trabajan en educación“.

El coordinador de UNICEF en Palestina reconoce que retomar la actividad de la organización está siendo complicado debido a los bombardeos israelíes, por lo que el primer acercamiento ha sido meramente asistencial, pero no se han olvidado de las necesidades psicológicas de los pequeños. “Estamos preparando el trabajo psicosocial a través del trabajo en grupo, actividades educativas y recreativas“, explica, asegurando que la medida más inmediata fue adelantar lo máximo posible la vuelta a las aulas, para “hablar”. Según él, “es muy importante que los niños hablen de lo que han vivido, que se expresen”. Pero reconoce lo evidente: que falta personal “precisamente por el alto porcentaje de niños entre los habitantes de Gaza”.

Hamás, la principal ‘ONG’ palestina

Los episodios violentos han eclipsado una de las actividades fundamentales de Hamás, que es la asistencia social y la construcción de infraestructuras, una actividad que vienen desarrollando mucho antes de ganar las elecciones legislativas en 2006. De hecho, gran parte del apoyo ciudadano con el que cuentan proviene precisamente de su papel como organización también implicada en acciones caritativas. Hamás es consciente y, tras el último ataque, se ha postulado como el líder de la reconstrucción de la malograda franja de Gaza, ofreciendo cuantiosas ayudas económicas a los afectados.

 

¿Refuerza esto su capacidad de influencia entre los jóvenes? Butragueño lo duda. “Es verdad que después del ataque mucha gente apoya a Hamás, pero en Gaza también los hay partidarios de Al Fatah, e incluso algunos que reniegan de los dos”, asegura. El coordinador de UNICEF reconoce el trabajo asistencial de Hamás, pero duda de su capacidad económica hoy en día. Según él, toda la ayuda que entra en la franja está controlada por Israel. “Es muy difícil que entre dinero sin que Israel lo sepa, incluso por los túneles que unen Gaza con Egipto”, sostiene.

Respecto a la limitada capacidad de maniobra —y por lo tanto, de influencia sobre la infancia— de UNICEF con una decena de trabajadores en Gaza, Butragueño no se muestra preocupado. Recalca que “las Naciones Unidas son como un estado dentro de Gaza”. Con un estado —las Naciones Unidas—, dentro de otro estado —el de Gaza, dirigido por Hamás—, la ecuación puede tornarse complicada, en el seno de unos territorios donde la ideología y la religión condicionan la vida de la gente, y podrían hacer lo propio con la infancia (que no en balde, son el futuro). El coordinador de UNICEF en Palestina prefiere no afrontar la tarea de rehabilitar a los niños con trastornos psicológicos como una batalla para conquistar almas en Gaza. “Trabajamos en coordinación con las autoridades locales”, sentencia adoptando un discurso más institucional. Para él, más allá de las “diferencias ideológicas”, todos comparten un sólo objetivo que no es otro que sacar a Gaza adelante y devolver a los niños la infancia. Brenda Haiplik, asesora de educación en emergencias de Save the Children, recuerda que “los niños tienen una capacidad de resistencia increíble si les proporciona el cuidado y apoyo adecuados – incluso aquellos que viven un conflicto armado”. Pero en Gaza, los niños son muchos —más de 800.000— y la paz muy endeble. Con suerte, la tregua entre Hamás e Israel durará un año y la tarea es descomunal.

Por Eugenia Redondo en Soitu.es

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