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Chacha, enfermera, esposa y prostituta

In historias humanas on octubre 9, 2008 at 3:49 pm

Algunas prostitutas que consiguen liberarse de las pezuñas de sus explotadores terminan cayendo en las garras de sus propios clientes. Creen que son salvadas por un príncipe azul (oscuro) hasta que se dan cuenta de dónde se han metido. “La fórmula para conseguir los papeles es casarse con ellos, pero las relaciones que se crean son asimétricas y de poder”, explica la responsable de una entidad que trabaja en la reinserción de prostitutas, sobre todo brasileñas.

Los matrimonios blancos y las relaciones asimétricas son otros aspectos de la prostitución que deben ser tratado por los psicólogos y terapeutas que asisten a chicas que consiguieron dejar atrás el club, pero no los abusos. “Los ven al principio como salvadores que las han sacado del club, pero a veces sufren malos tratos y violencia psicológica. Tienen que escuchar continuamente Yo soy quien te salvé, yo soy quien te salvé, sin que se den cuenta de que, precisamente, ellos eran los clientes“.

La situación podría ser la siguiente: una mujer llega al club de una zona, pongamos por caso, rural frecuentado por clientes del lugar. “No hay un perfil definido. Cualquiera puede ir por allí, desde gente joven preparada a solterones de aldea cincuentones”, relata la misma fuente. Entonces, se establece una relación entre el cliente y la prostituta hasta que deciden que ella dejará de ejercer y se irá a vivir con él.

Ansiedad y depresión

“Claro, después nos vienen diciendo que las miran mal en la aldea, pero cómo no lo van a hacer en un contexto tan cerrado, donde ellos mismos las ven como la criada que cuida de sus padres viejos… Por no hablar de las mujeres que después quieren traerse a los hijos que todavía viven en su país. Esto les provoca ansiedad y depresión, sufren crisis y las tenemos que llevar a Urgencias”, asegura la responsable de la asociación.

Aclara, eso sí, que los matrimonios pueden funcionar en ocasiones y que hay hombres que sí las ayudan, incluso económicamente, mediante envío de remesas a sus familiares. Otros, en cambio, las seguirán viendo con ojos infectados de prejuicios, mientras que ellas deben cargar con el estigma de haberse dedicado a la prostitución en un ambiente y una cultura que les es ajena.

Las “otras mujeres”

Silvia Pérez, coordinadora de Alecrín, se refiere al desprecio con el que son tratadas y a las dificultades para integrarse en su nuevo entorno. “La prostituta es una mujer degradada para los clientes, quienes incluso no las ven como mujeres, sino como otras mujeres. Y los que han tenido relaciones con ellas fuera del club no las consideran novias ni, por ejemplo, las han presentado a sus familias”.

Muchas arrastran problemas tras el ejercicio de la prostitución, insiste Pérez, como la adversión al sexo y a los hombres. “Me refiero a la imposibilidad del disfrute y al sufrimiento y las dificultades que supone tratar de vivir el sexo con autenticidad. Pero claro, he conocido a clientes que su pareja tenía que hacerlo cuando él quería, como si ella fuese todavía una prostituta y él la persona dominante”.

Por Henrique Mariño en ADN.es

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